Vergüenza nacional en el Parlasur

Wilson tenía mucha razón cuando afirmaba: «Nuestros peores enemigos no son los gringos, sino nuestros compatriotas con almas de gringo». Hoy, a casi 20 años de la muerte del último gran caudillo nacionalista, algunos de los que se dicen wilsonistas no hacen otra cosa que traicionar su memoria, aunque utilicen su figura, como la de otros caudillos.

Lo hacen en muchos sentidos, pero en esta oportunidad me refiero a la brutal intervención y a la posterior agresión «mediática» llevada a cabo por parte de algunos representantes, que dicen ser «nacionalistas», en el Parlasur contra la República Bolivariana de Venezuela. Afrenta que afectó a los legisladores venezolanos y al pueblo del hermano país. Este acto de soberbia avergüenza a los uruguayos, además de romper con una de las gloriosas tradiciones del Partido Nacional: la defensa del Principio de NO INTERVENCIÓN en los asuntos internos de los países.

Todos sabemos que esa actitud intervensionista, desleal a la tradición blanca y federal, ha sido moneda corriente en las sesiones de dicho Parlamento por parte de algunos de los representantes «nacionalistas», al punto de que nuestro glorioso partido hoy es visualizado a nivel nacional, regional y mundial como una derecha funcional a los intereses internacionales. Esto lastima y avergüenza a los blancos que hacen honor a las sagradas banderas de Artigas, Oribe, Saravia, Herrera, Wilson y el Toba.

¿Cómo queda mancillada la imagen del partido a nivel nacional, regional y mundial?

¿Cual es el rol de estos legisladores a nivel continental?

¿Qué clase de tristes beneficios esperan obtener?

Estamos seguros de que sus acciones y dichos no representan la gloriosa historia del Partido Nacional en la defensa de la autodeterminación de los pueblos y la consolidación la unidad de la Patria Grande.

Wilson dijo: «¡Somos antiintervencionistas!». En consecuencia, que los problemas de Venezuela se solucionen en Venezuela. Nosotros, los blancos auténticos, estamos de acuerdo con que Venezuela, así como los demás países de la región, ingrese al Mercosur y al Parlasur, porque lo que verdaderamente importa es la integración de los pueblos latinoamericanos, más allá de quién sea el presidente de turno. Fue, es y será la única manera de lograr la felicidad, la prosperidad y independencia económica de nuestros países. De más está ahondar sobre la importancia estratégica que el país caribeño tiene en la geopolítica continental. Esto no es nada novedoso. Desde Artigas, Bolívar y San Martín nos viene tan importante legado. Porque como dijo Wilson: «No hay modo de ser patriota de patria chica si no se es simultáneamente y por eso mismo, patriota de la gran patria común latinoamericana».

Pero estas actitudes son escena del mismo circo montado por muchos dirigentes políticos uruguayos que nos quieren hacer creer que «el Mercosur no da para más», cuando el Mercosur ha vuelto a ser, en términos económicos -lo único que parece interesarles-, el principal socio del Uruguay. Brasil y Argentina son los dos principales destinos de nuestras exportaciones. Las exportaciones uruguayas a Brasil, nuestro principal socio comercial, subieron un 49% en el período enero junio de 2008, confirmando la tendencia de los años anteriores. Mientras que Argentina pasó a ser el segundo país al que se destinan nuestras exportaciones, con un aumento de 47% en el mismo período. En cambio Estados Unidos ahora ocupa el undécimo lugar, por detrás de Venezuela. Las exportaciones uruguayas a Estados Unidos cayeron un 68% en el período enero-junio. En cambio las exportaciones a Venezuela crecieron nada menos que un 156%. No es tema central para este artículo, pero estoy dispuesto a debatir sobre el mismo. Todo hace pensar que existen muchos dirigentes que, irresponsablemente, nos quieren transformar en un «Gibraltar del Plata». Como blancos federales artiguistas, con la inspiración y el ejemplo de Oribe, Aparicio Saravia, Herrera y Wilson nos opondremos radicalmente a semejante destino semicolonial y defenderemos la unidad de los «americanos del sur», como decía Artigas.

Por eso nos congratulamos del histórico proceso de integración que estamos llevando a cabo. Mucho se ha avanzado. A los europeos les llevó 50 años, precedidas por dos guerras mundiales, consolidar la Unión Europea. Nosotros venimos de un mismo tronco, los hispanoparlantes y los lusoparlantes hablamos lenguas casi iguales. Trabajemos en la integración social, cultural, educativa y universitaria con todos los integrantes de nuestra patria grande.

Por este medio nos solidarizamos con el pueblo de Venezuela. Queremos manifestarle que no todo el Partido Nacional piensa y actúa como esos legisladores. Todavía quedan militantes, votantes y dirigentes que respetan los sagrados postulados y están dispuestos a trabajar en pos de la unidad en la diversidad, que es la forma de lograr la libertad económica e igualdad social para nuestros pueblos.

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