Tierra

Nombrarla es referirnos concretamente al suelo, el piso que recibe nuestros pies, donde estamos seguros y nos sentimos así, bien plantados y en el cual como colectivos humanos, rurales o urbanos nos movilizamos y trasladamos sobre esta, buscando una parcela o porción de territorio para satisfacer y desarrollar nuestra condición de ser social.

Este caminar hacia el logro de mayor identidad y pertenencia por la senda del afincamiento, evitando emigrar dentro o fuera de nuestro territorio, es válido para contrarrestar la canción que dice: «desahuciado está el que tiene que marchar a vivir una cultura diferente; sólo le pido…»

Como herederos del pensamiento y acción artiguista que nada debemos esperar sino de nosotros mismos, nos guía al hecho de realizar acciones y caminar hacia la tierra negada, convencidos de lo que nos pertenece, enfrentando las resistencias que alejen o posterguen el acceso a este bien inelástico llamado «Tierra», que como tal debe ser pactado y pautado su uso, tenencia y disfrute.

El derecho al trabajo, la salud y otros, entre ellos la tierra, se debe conquistar, ejercer, defender y profundizar dentro de una cultura instalada en la cotidianidad de nuestro comportamiento urbano, pues reza el dicho «según vive el hombre así piensa» y es ahí donde debemos apostar y aportar a una cultura popular solidaria, democrática y participativa que refleje los intereses y objetivos de las trabajadoras y trabajadores uruguayos, viviendo valores que rijan un nuevo comportamiento social.

En las últimas décadas, se extendieron como manchas en nuestro territorio dos formas de tenencia de la tierra, dos modelos, uno que la aleja y duele, pues expulsa y extranjeriza, y otra que afinca y teje, pues la colectiviza a través de los barrios cooperativos y el trama urbano.

Resistimos cuatro decenios creciendo y respirando fuera del sistema, el agua y el aceite significamos para quienes profesan al dios mercado, pues una vez culminados nuestros barrios los retiramos del mercado, evitando la especulación inmobiliaria en ellos, así como también a través de la tenencia, las crisis cíclicas no logran que se vendan por desesperación las viviendas para volver a ser un sin techo.

Apostamos a seguir construyendo en paralelo un movimiento y una cultura alternativa popular, con cambios reales sobre las relaciones concretas y cotidianas de propiedad con sentido emancipador.

Movimientos «propositivos» en armonía con los meramente «reivindicativos», contribuyendo a nuevas relaciones sociales.

A 18 años de la asunción de Tabaré como intendente en la Plaza «Lafone», hoy nuevamente, ante la realidad y nuestra lucha, Canelones, Maldonado y Montevideo convienen una Cartera de Tierras con Fucvam.

Erlich, De los Santos y Carámbula consensúan y activan un mecanismo que evita y frena el empobrecimiento paulatino de los trabajadores urbanos, que no irán a los asentamientos ni vivirán más hacinados.

El aceite y el agua es hoy la política de alquileres que manda, impone y regula el acceso a la vivienda a los asalariados, anteponiéndose la falta de un plan de vivienda popular.

El primer lunes de octubre, «Día Mundial de los Sin Techo», nos movilizaremos para que otros intendentes del país sigan el ejemplo conquistado de un derecho y no una dádiva, pues convencidos estamos de que no somos pájaros para vivir en los árboles, ni peces para vivir en el agua, somos trabajadores con coraje y decisión, que queremos tierra para volcar en ella y transformarla en un bien de todos y para todos con creatividad, capacidad y sacrificio de lucha, pues hay una nueva realidad que quiere dar brotes diferentes y, como dice Galeano, «lo que está por nacer está en la barriga de lo que es…».

Sin raíces nada tiene sentido, sin tierra nada florece.

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