Bolivia y Paraguay en la nueva época de América Latina

Estamos viviendo hechos maravillosos en América Latina. El referéndum revocatorio del 10 de agosto en Bolivia y la asunción de Fernando Lugo a la presidencia de Paraguay, el día 15, confirmaron plenamente que estamos en una nueva época en el continente, que se está matrizando un cambio de época, lo que se ha denominado un giro a la izquierda, el acceso al gobierno de fuerzas progresistas y de izquierda, en un conjunto muy grande de países, por el voto del pueblo.

En la toma de posesión de Fernando Lugo en Asunción estaban presentes los presidentes Lula, Michelle Bachelet, Evo Morales, Cristina Fernández de Kirchner, Tabaré Vázquez, Rafael Correa, Hugo Chávez, así como Manuel Zelaya, de Honduras. No pudieron llegar Daniel Ortega ni Alvaro Colom, mientras Leonel Fernández de la Dominicana estaba ocupado en su propia asunción y Martín Torrijos se hizo representar por su vicepresidente. Los presidentes de Perú y Colombia no participaron. Estaba desde luego Cuba en la persona de uno de sus referentes históricos, el vicepresidente José Ramón Machado Ventura, quien se refirió a la coalición de fuerzas que llevó a Lugo a la presidencia, lo que confirma que estamos viviendo «un nuevo amanecer de América Latina», a la vez que mencionó la ayuda solidaria brindada por Cuba a Paraguay en materia de educación y salud, a los estudiantes de medicina que se capacitan en la isla y a los éxitos de la «Operación Milagro». Por su parte Evo Morales declaró: «Se está viviendo un cambio en la región». Lugo sintetizó así este aspecto fundamental: «Vamos a incorporarnos al continente de la esperanza».

El diario conservador El Tiempo de Bogotá, que pertenece a la familia Santos (uno de cuyos miembros, el vicepresidente Francisco Santos, representó a Alvaro Uribe, que no vino) escribió que «Paraguay ingresa al club de la izquierda». Estaba dicho con ironía, pero no deja de representar la verdad.

La asunción de Lugo tuvo un acentuado contenido latinoamericanista e integracionista. «Una América Latina unida y sin fronteras» fue el lema de la conmemoración popular de la víspera, en la cual la amplia delegación uruguaya, integrada por ministros, legisladores, el intendente capitalino y el presidente del Frente fue ovacionada por el público. En la concepción de Lugo, «nuestro proyecto cree en la integración, cree en la poesía de la patria sin murallas, cree obstinadamente en la ecuación de fronteras fértiles antes que oclusivas». Esto se refiere también a los instrumentos de integración regionales. Tabaré Vázquez elogió el «excelente discurso» de Lugo y agregó que «Paraguay y Uruguay debemos unirnos mucho para trabajar en conjunto sobre los temas comunes». En los días siguientes, el concepto se extendió. El intendente de Canelones Marcos Carámbula firmó un protocolo de hermanamiento con el municipio de San Pedro, situado en el segundo departamento en importancia de Paraguay, lo que adquiere un valor de símbolo. En San Pedro está la sede de la diócesis donde Lugo ejerció como obispo entre 1996 y 2006, hasta iniciar su actividad política.

Estos conceptos de latinoamericanismo e integración se unen con la defensa de la soberanía y los recursos naturales, tema de actualidad palpitante en los dos países referidos. En Paraguay este criterio se vincula, inequívocamente, con el destino de las grandes represas de Itaipú y Yaciretá, y en Bolivia a la explotación del petróleo y gas (amén de otros recursos, como el hierro) para ponerlos al servicio de todo el pueblo. El caso del IDH (impuesto directo a los hidrocarburos), que Evo ha dedicado en parte al Bono Dignidad para los ancianos, con la oposición feroz de los sectores oligárquicos de la «media luna», ilustra este concepto.

En ambos países hemos visto estos días, con gran fuerza, la reivindicación de los derechos de las poblaciones indígenas, con enorme gravitación en la composición de esas sociedades. Análogamente en Ecuador, donde sus reivindicaciones, incluidas las lenguas aborígenes, se incorporan a la nueva Constitución. Existe una palpable voluntad común de restituir a estos grupos étnicos (que en el caso de Bolivia constituyen la mayoría de la población) a su plena dignidad como seres humanos y a respetar sus tradiciones seculares. La investidura de Fernando Lugo como servidor del pueblo por parte de estos grupos en el festejo popular, con su música, sus instrumentos típicos y sus canciones, fue un episodio memorable. Lo mismo que la vigencia plena del idioma guaraní, melodioso y poético, con el cual Lugo comenzó sus alocuciones.

Todos estos elementos reunidos se integran en la voluntad de cambio. En Paraguay lo vimos en las calles, en las multitudes enfervorizadas, en las declaraciones de la gente. «Hay que cambiar todo», decían. En la ceremonia de investidura, Lugo expresó: «El 20 de abril (día de la elección) cambiamos la historia de nuestra patria y comenzamos un proceso irreversible. Nada será igual que antes». Fue a buscar los orígenes de esa necesidad de cambio en la Teología de la Liberación, con invocaciones al peruano Gustavo Gutiérrez y al brasileño Leonardo Boff, como en los grandes creadores literarios paraguayos, desde Rafael Barret y Augusto Roa Bastos hasta la poesía de Elvio Romero. En las alocuciones de Lugo, que en estos temas adquirían su máximo nivel y poder de convicción, se conjugaban sus convicciones sociales con su vocación pastoral religiosa, para abordar los temas de la pobreza, la reforma agraria, la seguridad alimentaria, convocando a todos para esa empresa. Y desde luego, la lucha contra la corrupción, que en Paraguay tiene enorme importancia. La medida de renunciar a su sueldo (que anunció en la demostración popular), el pedido de austeridad a sus ministros, son otras tantas señales ejemplificadoras en este sentido. Hemos visto con gran interés los resultados de una encuesta de Ultima Hora según la cual el 68,8% de los directivos de las principales empresas paraguayas estima que la gestión de Lugo será muy buena o buena, que sus propias empresas tendrán signos de crecimiento y que hay confianza en que el presidente utilizará adecuadamente los recursos del Estado. Una nota del periódico especifica que, en lo previo, «se tenía la percepción de que el sector productivo era el más escéptico». El presidente fijó como objetivos de su gobierno construir una economía sustentable con equidad social; la incorporación de tecnología e inversiones; una educación para el cambio social y todos los derechos humanos; la lucha contra los factores sociales de la pobreza; la asistencia social, un Estado que dialoga en busca de un pacto social al que llamó a los empresarios, la erradicación de la miseria extrema.

Tanto Bolivia como Paraguay son ejemplos de gran calado de los cambios sobrevenidos en América Latina, en la composición de los partidos y su influencia en la sociedad, del surgimiento de nuevas fuerzas políticas y de nuevas coaliciones.

En Paraguay, la victoria de la candidatura de Fernando Lugo quebró más de 60 años de dominio incompartido del Partido Colorado, metido en todos los poros del aparato del Estado y manchado por denuncias de gigantescos casos de corrupción. Apenas conocido el triunfo de Lugo, el entonces presidente Nicanor Duarte Frutos dijo que el objetivo era la reconquista del gobierno para el Partido Colorado. Y aunque están fraccionados en pedazos que se disputan las posiciones a dentelladas, no hay duda de que ése es su objetivo común. La Alianza Patriótica para el Cambio (APC), una conjunción de fuerzas políticas y sociales que sostuvo la candidatura de Lugo, en menos de un año cambió ese panorama político estratificado y abrió una nueva perspectiva. Su objetivo ­explicitaba Lugo­ es impulsar el desarrollo de todas las potencialidades humanas. Desde el 20 de abril ­agregaba­ comenzamos a construir juntos el cambio, y desde esa fecha se ha vuelto innegociable la lucha por reconquistar la dignidad del pueblo paraguayo. Estamos ante la apuesta cultural más importante de
nuestra historia, su incorporación plena al universo de la democracia en el mundo, con un recuerdo para las luchas contra las dictaduras que mancillaron las patrias americanas. Vamos hacia la alborada de la felicidad tan postergada. Con este resumen: no bajar los sueños del altar de la esperanza; y con esta concreción: niños y jóvenes sanos y bien educados. Esta es la siembra del futuro, y terminar con la vergüenza de los niños de la calle. Sobre estas bases se promueve la dignificación de la policía y un nuevo concepto del soldado hermano. En suma, se está plantando la semilla de un nuevo proyecto de Paraguay, de una nueva sociedad basada en principios de justicia, equidad, igualdad. Esa es la misión de la APC.

Veamos ahora, desde este punto de vista, lo sucedido en Bolivia. Lo primero es desbrozar el terreno de las mentiras que, a lo largo de una semana, difundieron los medios sobre el resultado del referéndum revocatorio. Pero al final la verdad resplandece. Evo fue ratificado con 67,41%, una cifra realmente extraordinaria que supera en casi 14 puntos la votación que lo llevó a la presidencia en diciembre 2005 (53,7%). Tuvo 2.103.732 votos a favor y 1.016.992 en contra. Los dos prefectos afines al gobierno, de Potosí y Oruro, fueron ratificados, el primero (Ing. Mario Virreira) con el porcentaje más alto de todos los prefectos: 79,08%, superando incluso a Rubén Costas, de Santa Cruz (66,43%), cabeza de la oposición. En los distritos rurales, así como en El Alto, departamento de La Paz, las votaciones por Evo superan el 80 y en varios casos el 90%. En los únicos tres departamentos en que perdió, todos de la «media luna», superó el 41% y ganó en las zonas rurales. Los prefectos de la «media luna» fueron ratificados. Fueron revocados los de Cochabamba y de La Paz, ambos opositores. En síntesis el gobierno de Evo Morales se fortaleció.

En próxima nota extraeremos algunas conclusiones de esta semana que conmovió a América Latina.

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