EDITORIAL

Lacalle coherente y transparente

El doctor Luis Alberto Lacalle es firme aspirante a la presidencia de la República, dentro de filas de los partidos tradicionales.

Ya está en campaña electoral y está mostrado que sus cualidades ­capacidad inmensa de trabajo y de generar hechos políticos­ las conserva absolutamente intactas.

Tiene, a la vez, un poderoso grupo de militantes, particularmente urbanos y montevideanos, que nucleados en el Herrerismo le dan un fuerte respaldo político y organizativo.

La alianza que estableció con Francisco Gallinal, lo pone ante la sociedad como un dirigente con capacidad de diálogo y de entendimiento con fuerzas nacionalistas no identificadas con el Herrerismo clásico.

Pero la mayor virtud de Luis Alberto Lacalle es que no le pone cosméticos ni al programa, ni a sus objetivos de gobierno.

Fue así que en este fin de semana se mostró como un presidenciable que trabaja por la restauración de la derecha en el gobierno, mediante una profunda contrarreforma que deje atrás los avances políticos y económicos progresistas que se produjeron y que se van a producir durante el gobierno del doctor Tabaré Vázquez.

El líder herrerista manifestó en Canelones, durante una gira de fin de semana, que eliminará el IRPF y la reforma de salud. Sería interesante saber qué va a hacer con la política laboral del gobierno y con el Ministerio de Industria, que fue recuperado para el país y la gente durante el actual gobierno del Frente Amplio.

Seguramente la intención de Lacalle apuntará a que el país tome la senda de la derecha, que se expresó durante su gobierno. Si el ex presidente llegara otra vez a portar la banda presidencial, el país vivirá fuertes tensiones porque la población, en su gran mayoría, aprueba las reformas progresistas. Y aquellos que en estas horas no las aprueban, se darán cuenta de haber perdido derechos y políticas que los favorecían, pero que no habían sido bien explicadas y fundamentadas por la izquierda.

La restauración propuesta por Lacalle ­también por Pedro Bordaberry, pero con casi nulas posibilidades­ pondría al país al borde de una grave crisis del punto de vista social y de cultura política. La vuelta del neoliberalismo al Uruguay sería un duro golpe para el futuro de nuestra sociedad, que no soportaría la profundización del corte social.

Ante esta situación, el Frente Amplio vive momentos de contradicciones, porque no logra consensuar una candidatura única a la Presidencia de la República.

De continuar esta situación de indefinición de la coalición de izquierdas, las posturas restauradoras de los principales dirigentes de los viejos partidos tradicionales, pueden seguir ganando terreno y apoyo en la opinión pública, cansada de las pequeñas rencillas entre la dirigencia de izquierda, las que se acrecientan cuando las mismas se trasladan al movimiento social.

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