La elección del Padre Mateo
Por una de las cosas que ya ha valido la pena un gobierno popular es la designación del Padre Mateo a cargo de cientos, miles de niños y jóvenes «infractores». Huérfanos de la vida, de la sociedad, muchas veces de sus padres, de amor, de comida, de techo, de ejemplos, de esperanzas. ¿Infractores? Puede ser. Pero cuántos infractores de cuello duro y guante blanco andan sueltos o sólo han pasado algunas semanas detenidos por robarle a los pobres, a los incautos, a los que no tienen defensa. Muchas veces las leyes están hechas para disminuir las consecuencias penales de los llamados «delitos económicos», pero castigan duramente cualquier atentado a la propiedad privada. Es que durante siglos los que han gobernado la humanidad han defendido su modo de detentar las cosas y hasta las propias personas, en otros siglos. Casualmente, los que casi siempre han gobernado han sido –causalmente– los que casi siempre han sido favorecidos por «el estado de las cosas», el «destino», la «herencia familiar». Y los que casualmente- no han estado dentro de ese selecto grupo se han tenido que joder. Han tenido que conformarse con el «no robarás» con la secreta esperanza de ganarse el cielo en la próxima vida porque en ésta… La Iglesia, muchas veces las iglesias, han jugado ese rol de apaciguadores a sueldo de los reclamos de los postergados. Otras veces, religiosos no han aceptado ser cómplices mercenarios de las enormes injusticias sociales que han caracterizado la historia de la humanidad y se han puesto del lado de los más necesitados. Costándoles persecuciones de todo tipo, cárcel, y muerte.
En nuestro país, los mismos que más se quejan por la inseguridad son los mismos que más se quejan por el dinero que tienen que aportar por impuestos. Son los que más tienen. Son ellos los que más pagan, en volumen y en porcentaje. Son ellos los que más bienes materiales tienen para perder, y los que mayor peligro de robo tienen. ¿Qué es lo que quieren? ¿No se dan cuenta de que la sociedad, que el mundo, cada vez más están partidos en dos? Los que cada vez se enriquecen más y por otro las enormes mayorías que cada vez se alejan de una vida digna, con cada vez menos posibilidades reales de mejora. ¿Se piensan que con poner más rejas, alarmas, empresas de seguridad, se van a salvar de la guerra civil a la que inevitablemente estamos condenando a las futuras generaciones si todo este abismo se sigue agrandando?
Y si creen que la solución es poner más policías, pagarles más, más cárceles, más patrulleros, ¿de dónde va a salir ese dinero si no quieren pagar más impuestos? Y si no quieren pagar más impuestos, ¿de dónde va a salir el dinero para la educación de las decenas de miles de niños que viven por debajo de la línea de pobreza? ¿De dónde el dinero para la alimentación de esos niños, para la salud pública, para los jubilados? ¿Cómo podemos ser tan egoístas en no darnos cuenta que hay gente, mucha gente, que roba por hambre? ¿Que no es toda? ¿Que hay otra que roba para poder drogarse con pasta base, por ejemplo? Sí, lamentablemente cada vez más. Un despeñadero dolorosísimo. Pero cómo no entender el drama de esos jóvenes, niños muchas veces, que ante una vida repleta de carencias caen en la adicción, siendo que en las clases altas el consumo de otras drogas es cada vez mayor, a pesar de contar con todo el bienestar material.
En todo caso, ambos problemas nos conciernen a todos. Porque estamos todos en el mismo barco, porque el ser humano es un ser débil y necesitado, sea rico o pobre. Y sólo podremos salir de las inmensas dificultades en que los humanos nos hemos metido si somos capaces de reconocer al otro, de conocerlo, de comprenderlo, de respetarlo, de quererlo. Sólo habrá salida para todos si entre todos lo intentamos juntos.
Como también tenemos que intentar, mucho más aún, la recuperación de las miles de personas que están en las cárceles, en ambientes donde sólo estamos generando bombas de tiempo, llenas de resentimiento y odio que volcarán sobre la sociedad ni bien salgan. Por eso es de un enorme valor, de una verdadera esperanza, que hayamos nombrado al Padre Mateo y su equipo de colaboradores para intentar desde la Gerencia de Interj (Instituto Técnico de Rehabilitación Juvenil) asistir, apoyar, orientar, contener, guiar a una cantidad de menores «infractores» pero que todavía están a tiempo de recobrar su autoestima, su dignidad, la esperanza, el amor a la vida.
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