EDITORIAL

EEUU cosecha derrotas

La izquierda y el progresismo avanza inexorablemente en nuestra Patria Grande. Hace pocas horas asumió el presidente de Paraguay, Fernando Lugo, un ex obispo comprometido con la teología de la liberación y con el cambio, como lo fue el jesuita Juan Luis Segundo en nuestro Uruguay. Un poco antes el presidente boliviano, el socialista Evo Morales, recibió un abrumador apoyo en el referendo revocatorio, en medio de un creciente enfrentamiento contra el intervencionismo de Washington. De la mano de los triunfos de nuestros pueblos vienen las derrotas y los reveses de la política exterior de Estados Unidos en América Latina.

Pero también lejos de nuestra región, Washington cosecha otras derrotas.

Al presidente de Georgia, Mikheil Saakashvili, aliado íntimo de George W. Bush, le está ocurriendo todo lo contrario que a Morales: tambalea en el gobierno, mientras su nación sufre una humillación militar de envergadura y está a punto de caer del poder después de haber llevado a su país a la mal calculada aventura de apoderarse de Osetia del Sur, un pequeño país independiente protegido por Rusia que no quiere ser parte de Georgia.

El presidente del país donde nació José Stalin creyó que controlar Osetia del Sur sería un paseo, pero probablemente le cueste el cargo. Saakashvili alcanzó el poder traicionando a su ex maestro y protector Edward Schevarnadze, el último canciller de la Unión Soviética, quien fue el primer jefe de Estado de Georgia tras la desaparición de la URSS. Medios como la cadena estadounidense CNN, los países de la OTAN y el discurso de Bush y Condoleezza Rice presentan a Georgia como víctima y no como país agresor. Claro está que el régimen georgiano, después de Estados Unidos y Gran Bretaña, es el que más soldados tiene en la aventura bélica de Irak.

El mismo error de cálculo del «paseo militar» de Saakashvili ya ha ocasionado muchos sufrimientos en otras latitudes, cada vez que gobernantes cuestionados creyeron conquistar popularidad y legitimidad haciendo sonar las campanas del nacionalismo y la «integridad territorial». Lo hicieron aquellos militares argentinos que con una mano torturaban a los jóvenes obreros y estudiantes de todo el país y con la otra los mandaban «a morir por la patria» en Las Malvinas.

Saakashvili es un peón de Estados Unidos en el tablero geopolítico del poder imperial en esa parte del mundo. Estudió leyes en Estados Unidos, en las universidades de Columbia y George Washington, y trabajó en un influyente estudio de abogados de Nueva York. Y hoy vendería su alma al diablo con tal de ingresar a la OTAN.

Algunos de los antiguos países que integraban el campo socialista o la propia URSS hoy actúan como protectorados de Estados Unidos. Sus gobiernos, impulsados por un odio irresponsable contra Rusia, como Polonia y la República Checa, se alinean en posiciones de apoyo total a Bush y al ataque sorpresivo contra Osetia del Sur por Saakashvili, quien por su propia cuenta jamás se habría lanzado a la aventura de enviar el ejército georgiano a Osetia del Sur, donde chocaría con las tropas rusas emplazadas allí como fuerza de paz

Mal aconsejado por Estados Unidos y tras una reciente visita de Condoleezza Rice, que le prometió el oro y el moro, el 8 de agosto Saakashvili se lanzó a recuperar Osetia del Sur, territorio que reivindican los nacionalistas de Georgia, pero midió mal la reacción rusa y le dio el pretexto para ocupar toda esa región del Cáucaso y la vecina Abkhasia, otra nación enclavada en la frontera ruso-georgiana. Y así, Estados Unidos provocó otra guerra que no se sabe cómo y cuándo va a terminar. Pero está claro es que una nueva corriente revolucionaria antiestadounidense se va imponiendo en el continente y en el mundo.

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