Una interna para resolver el candidato
Junto a los compañeros Darío Pérez, Fernando Longo y Carlos Maceda hemos definido en el Espacio Frenteamplista que integramos que la próxima candidatura del FA se decida en una elección interna. Pero ahora vemos con sorpresa que se objeta que ir a una interna nos expondría a una «carnicería».
Luego de casi cuatro años de gobierno sin una sola fisura en su unidad de acción es inaceptable escuchar que una interna del FA provocaría eso. ¿Hubo carnicería cuando se discutió la Reforma Tributaria? ¿La hubo cuando se discutieron las Rendiciones de Cuentas? ¿O acaso cuando se debatió el TLC? Solo pueden decir que una interna sería una carnicería los que no quieren marcar sus votos.
La interna es el ámbito donde se expresan las mayorías, el soberano frenteamplista, por lo que, si no hay acuerdo en el Congreso, ¡a las internas con confianza y con alegría!
Siempre hemos dicho que en la izquierda uruguaya conviven dos proyectos, siempre hemos dicho que Astori y Mujica representan dos posibles modelos de Uruguay Productivo, con resultados diferentes en lo que tiene que ver con la profundización de la democracia económica.
Democratizar la economía es ampliar el acceso a los bienes y servicios de la sociedad, y democratizar el acceso a la propiedad de los medios de producción. En base a la política salarial, de crédito; al respaldo a la economía social, la pequeña y mediana empresa, y la acción del Estado en la producción de bienes y servicios. En base a una inserción internacional correspondiente y funcional a esta democratización.
¿Alguien se puede imaginar a Danilo respaldando al Fondo Raúl Sendic? ¿Cuándo lo escucharon hablar de ALUR? ¿O de políticas sectoriales? ¿O del Banco del Sur? ¡Por favor! Astori tiene la legitimidad de su coherencia, su capacidad y su contracción al trabajo; pero ninguna persona de izquierda que siga con atención el desarrollo de la acción de gobierno, puede sostener que su pensamiento económico representa a la izquierda que quiere profundizar los cambios rumbo a aquel tipo de democratización.
En cualquier pensamiento de izquierda, se admite la importancia de la inversión directa extranjera para crear medios de producción que de otra manera no tendríamos, como las papeleras por ejemplo; pero todos sabemos que basar todo el crecimiento en la inversión directa extranjera es entregar la renta de esos medios, a mediano y largo plazo, para que forme los PBI de los países de origen de esos capitales.
Ese camino, que desprecia el mercado interno como motor de la economía (y por lo tanto ve el aumento del salario real como una amenaza inflacionaria), que desprecia al Estado como asignador de recursos, que se desentiende del problema de la propiedad de los medios de producción, puede darnos crecimiento, en coyunturas internacionales favorables; pero sin este conjunto de componentes no nos va a dar desarrollo.
Y cuando la coyuntura internacional cambie (como algunos dicen que comienza a cambiar), ni siquiera crecimiento nos va a dar.
Por eso mismo la cuestión no es sólo de candidatos, sino de propuestas de país productivo encarnadas en los candidatos; encarnadas en sus convicciones y expuestas en su práctica de gobierno.
Por eso, la cuestión va a ser siempre entre dos opciones de acción de gobierno, dos opciones de programa, y, al fin, entre dos candidatos.
Creo realmente que hay otra economía posible y otro destino posible. Sigo creyendo que la izquierda debe poner en el orden del día de su discusión interna los cambios en el modo de producción imperante que nos acerquen a la sociedad que deseamos; que nos alejen paulatinamente de la sociedad que heredamos, y no los cambios que nos vuelvan simplemente funcionales en el marco de sus paradigmas (como si eso, además, fuera posible…).
Los que pensamos esto, que en la izquierda somos muchos, quisiéramos un candidato que nos represente cabalmente. Con todo respeto y con la máxima consideración por los demás compañeros. En el marco de las reglas de juego de nuestra fuerza política.
No se trata de que seamos mejores, ni más puros, ni más buenos que nadie. Simplemente creemos en otras cosas que algunos compañeros, y tenemos derecho a defender esas ideas y a intentar que nuestros candidatos las representen mejor.
Estoy convencido que las internas son el ámbito adecuado, sobre todo cuando lo que está en juego no es solo una cuestión de candidatos, ni siquiera si ganamos o perdemos, sino qué hacemos con el país cuando ganemos.
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