Escrito por: Por Jorge R. Bruni - Subsecretario de Trabajo y Seguridad Social
Yahara tiene ocho años de edad. En medio de la discusión sobre inseguridad, drogas, violencia, ante la presencia de la ministra del Interior, plantea que la calle volviera a ser la de antes, cuando los niños jugaban libre y alegremente. Ayudemos entre todos: cerremos una de ellas e invitemos a todos los niños a participar. Sorpresa. El mismo asombro deben haber sentido aquellos niños del medio rural después que se les entregara una computadora, para haber decidido dejar guardadas imágenes de la parición de un animal, que recorrieron el mundo.
Estupor experimentamos el ministro y yo, ante chiquilines que formulaban preguntas incómodas, cuando no cuestionadoras, sobre temas de trabajo. Ganas de aprender a jinetear fue la sensación de Pedro Guglielmetti, asesor de OIT, cuando adolescentes de la Escuela Técnica Agraria de Durazno, montados a caballo, trataban de explicar a los docentes los peligros que ello significaba. Ante la imposibilidad de convencerlos, eximios jinetes al fin, quisieron enseñarles a montar. Estos hechos protagonizados por ¡atrevidos chiquilines! nos inducen a concluir: ¡tenemos futuro! Al decir de Mario Benedetti, da para “el optimismo pensando en que vendrá algo mejor, preparando desde ya la bienvenida”. En poco tiempo, se habrá entregado en nuestro país la computadora número 100.000 en aplicación del programa “Una computadora portátil por niño”, primera experiencia mundial que trata de bajar a tierra aquello de que no hay innovación sin educación, colocándonos ante una profunda revolución en el conocimiento de nuestros niños y jóvenes. Recordemos que en 2009 no quedará ninguno que concurra a la escuela sin acceder a su computadora.
El país discute acalorada y participativamente el futuro de la educación. Por su parte el MTSS, junto al de Educación y Cultura y ANEP, siguen procesando el convenio que coloca en el currículo estudiantil la importancia del trabajo digno como elemento central de la sociedad. Porque el mismo es bastante más que una fuente de ingresos: ayuda a dignificar socialmente como ser humano a quien trabaja. Las experiencias piloto de Montevideo e Interior en 2007, se generalizarían en 2009. También la Dirección General Impositiva y el Banco de Previsión Social, dentro de sus respectivos temas y competencias, llevan adelante programas similares. Tres hechos, tres programas reveladores de la importancia de la niñez y adolescencia para el futuro del país, y que, como dice el Presidente, nos lleva a afirmar que vamos por buen camino, haciéndonos recordar al gran Rabelais y sus últimas palabras antes de morir: “Me voy en busca del gran quizás”. Constituyen un desafío al desarrollo de acciones generadoras de conocimiento, cultura de solidaridad y responsabilidad, de reconocimiento de derechos y obligaciones desde temprana edad, reforzando la democracia en definitiva, para el logro de una ciudadanía consciente, en la que la educación juega un papel insustituible. Herramientas fundamentales para la igualación de las diferencias sociales, cohesión social en definitiva, concretando aquello que nos decía José Pedro Varela: “Un pueblo ilustrado es locomotora del progreso”. Fundamental para un país que envejece aceleradamente en grado tal, que si no se revierte dicha tendencia, no alcanzará a reproducirse en pocos años. Estamos en camino para conseguir en el futuro, visiones globales de país que excedan la coyuntura, y que tienen a la cultura del conocimiento con un enfoque global y social como ejes fundamentales de la misma.
En definitiva, los Yahara, los jinetes de Durazno, los que presenciaron la parición o los que cuestionaron a Bonomi y a mí, serán nuestros futuros dirigentes.
Por todo esto, no hay lugar para el pesimismo.
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