Dos veces con la misma piedra
Está bien modernizarse y adaptarse a nuevas variantes que pueden ser positivas y dentro del sentido común, elementos de mejoras a la vida cotidiana del mundo. Pero, claro está, dentro de lo razonable y sin atacar a mansalva todo lo que se ha hecho, particularmente en lo moral y ético como cimientos de una sociedad cristiana mayoritaria. La alargada, mal interpretada como «izquierdista», las ideas o resoluciones morales no son de izquierda ni de derecha, yo diría se comenzó descaradamente con la «aprobación» del aborto. Partiendo de la base de que el embrión o feto no es un ser humano …, sí es molesto o «inconveniente» para los padres naturales esa criatura, el feto sin dudas lo es, se le mata y punto. Así de sencillo. O sea, valor ético de la preservación de la vida y siendo una criatura con mayor razón, no se respeta y lo demás se facilita. La adopción es otra consecuencia referente a las criaturas indigentes particularmente. Que si bien se escapó del escalpelo asesino del abórtelo, carecen de padres en los hechos.
O porque sus progenitores reniegan de él, o porque los mismos han fallecido siendo huérfanos, etc., o sea, tuvieron padres que no cumplieron con su obligación primigenia humana de defensa de su propia sangre o porque han fallecido y es un bebé huérfano, etc. Las nuevas «corrientes» éticas, admiten y promueven pueden ser adoptadas, por parejas homosexuales o lesbianas. No entro en juzgamientos éticos de vidas ajenas de seres mayores de edad, dueños legítimos de sus conductas que por lógica pueden y hacen de su «cuerpo un pito» como se dice vulgarmente.
Lo que no se puede imponer, y en los hechos aprobada esta medida por ley, sería, es quien oficiase de madre o padre de ese bebé, que por supuesto tiene todos los sentidos de un ser humano, el razonamiento recién lo empieza a desarrollar, le muestren y cuando no le enseñen, costumbres y prácticas cotidianas, particularmente las sexuales con todas sus consecuencias, que es obvio no son naturales. Lo afirmo sin ofensa. Si la criatura de mayor, sea o no educada en prácticas familiares naturalmente regulares, elige ser homosexual, es otra y propia de sus responsabilidades. Tiene uso de razón desarrollada y si prefiere una u otra posibilidad, es un problema suyo.
Tan ciudadano y buena persona les juzgará la sociedad si se gana el respeto de la gente. Pero admítase, que subliminal o inevitablemente, imponer al niño, que como tal los primeros seres humanos que toman como ejemplo y por lógica sus padres a quienes identifican por el primer sentido que es el olfato, y que como todo chiquilín cuando va creciendo «vicha» y descubre a sus presuntos progenitores besándose, acostados juntos, hasta en sus relaciones sexuales, es inevitable, con los amaneramientos y actividades invertidas correspondientes y demás etcétera, se le está «enseñando» una vida «sodomita» que no es natural para un chico en desarrollo que se debe criar en costumbres heterodoxas normales. Que después él elija otro camino de mayor, será su libre albedrío.
¡Cuidado! No estoy diciendo que un ser humano sea peor o mejor por su práctica sexual. En la vida cotidiana de relación puede ser tan honorable, de un lado como del otro. Pero las sexualidades de cada ser, que en los hechos del comportamiento tiene agregadas consecuencias múltiples, son algo propias de la conciencia de cada cual, dentro de las prácticas naturales.
No es ser «progresista» inducir subliminal o directamente costumbres, al margen de la moral religiosa cristiana que por supuesto la tengo, en sodomizar inevitablemente costumbres que la criatura o niño desde su cuna tenderá a imitar hasta por ósmosis. Si estas son las «morales» que la revolución frenteamplista desea imponer, espero que no, al futuro de nuestra juventud como prácticas de vida y de conciencia, en muy mala hora vinieron. Lo digo, con honrado sentimiento. Si logran imponerlas, para ese entonces, preferiría estar muerto y en paz con Dios. Sodoma y Gomorra fueron destruidos para advertencia futura. El Imperio Romano cayó en buena medida en función de una «decadencia» moral en sus costumbres.
Hay ejemplos a «bocha». No aspiro para mi patria este triste fin.
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