La gran conjura contra el referéndum
Una gran conjura se ha tejido para evitar la realización del referéndum revocatorio en Bolivia. Esto se debe a que las oligarquías conservadoras temen, cada vez con mayor razón, que el resultado de esta consulta popular les sea adversa y genere una nueva correlación de fuerzas que beneficie al gobierno socialista de Evo Morales. Sin embargo, no se trata solamente de una nueva correlación de fuerzas. Aún más importante que eso, a juzgar por los sondeos de opinión, es la nueva fuerza con la que saldría del referéndum el presidente Morales.
Los opositores del gobierno, los partidos neoliberales, saben que la coyuntura política podría retrotraerse a enero de 2006 cuando Evo Morales obtuvo su histórica victoria electoral y la oposición no se atrevía a sacar cabeza. La diferencia ahora sería un gobierno menos ingenuo, sus enemigos claramente identificados y expuestos y, seguramente, con la decisión, autoridad y legitimidad para ejercer realmente el poder y continuar con los cambios.
Eso es lo que temen las oligarquías y están decididas a evitar que acontezca a cualquier costo, incluso desconociéndo el resultado del voto popular.
En primera instancia, creían que podían rechazar simplemente el referéndum aduciendo que no solucionaría los problemas del país. Sin embargo, cada vez era más claro que la motivación que daban para rechazar la consulta popular era una estupidez. No sólo entraban en contradicción flagrante con los retos que le habían hecho a Evo Morales, solo meses antes, para que se sometiera a ese mismo referéndum. También era un reconocimiento implícito de que todo lo que dijeron del gobierno eran patrañas y calumnias, puesto que si el gobierno era tan malo, la lógica solución a ese problema era sacarlo del camino mediante el voto popular. Tampoco conjugaba ese rechazo a sus pretendidas posturas de defensores de la democracia frente a un gobierno autoritario. Tamaño absurdo: el dictador insistiendo en referéndum revocatorio, mientras que los defensores de la democracia lo rechazan.
Como se dieron cuenta que el rechazo era una necedad, pues intentaron una nueva argucia. Pensaron que podían deslegitimar el referéndum denunciando que el padrón electoral estaba fraguado. Se pasearon por todos sus medios de comunicación con denuncias de inscripciones dobles indicando que el gobierno y su partido, el MAS, estaba fraguando un fraude de escala mayor. Sin embargo, la derecha tuvo otro tropiezo. El Consejo de Expertos Electorales de Latinoamérica, después de una minuciosa auditoria al padrón electoral, llegó a la conclusión de que éste no tenía un margen de error mayor al de otros países y por lo tanto estaba completamente adecuado para garantizar una votación transparente. Lo que demuestra que las denuncias contra el padrón electoral eran simplemente maniobras políticas para intentar deslegitimar el referéndum.
La población boliviana sabe que el referéndum es la salida política necesaria a los conflictos que se desarrollan en el país. Cuando todas sus maniobras han fallado, los oligarcas y todos sus acólitos deben recurrir a su último recurso: la convulsión general. Se trata de crear un estado de caos de tales dimensiones que el referéndum sea irrealizable. Esta convulsión es, entonces, parte de la gran conjura para evitar el referéndum y sus conflictos son claramente artificiales. De este modo, la convulsión tiende a agudizarse por el empecinamiento de aquellos que saben que en estas luchas se están jugando, no sólo prefecturas, sino su sobrevivencia política y todos los intereses económicos que ello conlleva. Por eso hoy todos los gobiernos progresistas de la región están con el presidente indio, con el cocalero Evo Morales, con los cambios que marcan el rumbo hacia el socialismo.
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