No se olviden de Bolivia
Dos muertos. Atentado al auto de un ministro. El presidente Evo Morales, impedido de realizar su discurso en Sucre, sede del Parlamento, con motivo de cumplirse un nuevo aniversario de que Bolivia se transformó en Nación, lo que lo llevó a trasladarse al Palacio Quemado de la Paz. En el corazón de América del Sur se viven horas dramáticas que ponen en peligro la institucionalidad de ese país.
«Hay pequeños grupos privilegiados que se oponen a este proceso de cambio, estos grupos no quieren la igualdad entre los bolivianos. No respetan la identidad y la diversidad de nuestros pueblos, y lo más preocupante es que esos grupos hablan de independencia y separación so pretexto de autonomía», dijo Evo Morales a una concentración que colmó la histórica Plaza Murillo donde están las sedes del Gobierno y Congreso bolivianos.
El mandatario indígena, el primero que gobierna Bolivia, recordó que la lucha histórica de sus antepasados fue por la autodeterminación de los pueblos. «No podemos pensar en la independencia interna ni en la separación ni la división de Bolivia», agregó.
Morales, acompañado de su vicepresidente, Alvaro García Linera, y varios de sus ministros, pidió a los opositores a su gobierno «vivir en unidad respetando la diversidad, y que es importante la igualdad económica-social».
También negó que sólo esté gobernando para beneficio de los campesinos e indígenas, y reivindicó que el programa de nacionalización de los hidrocarburos y de telecomunicaciones favorece a los bolivianos del campo y la ciudad.
Morales recordó ante la multitud el consejo de «paciencia, paciencia, paciencia…» que hizo su colega brasileño Luiz Inácio Lula da Silva durante una visita al Palacio Quemado de La Paz en diciembre del año pasado junto a la chilena, Michele Bachelet.
«Bolivia va bien para mejorar la situación de todos los bolivianos. En esta lucha del pueblo boliviano por la segunda liberación, jamás habrá traiciones», destacó.
La derecha boliviana, que percibe en el horizonte su derrota en las urnas, logró un primer triunfo cuando Cristina Fernández y Hugo Chávez tuvieron que suspender su visita a Bolivia, por temor a agudizar aún más la situación política.
Uruguay no puede estar ajeno a esta crítica situación que vive Bolivia y debe reaccionar con firmeza y rapidez.
Es de esperar que el gobierno, partidos, parlamento y organizaciones sociales se expidan de inmediato reclamando que el pronunciamiento del pueblo boliviano se pueda dar en un clima de paz y de respeto por las distintas posiciones.
El destino de la integración latinoamericana se está jugando en Bolivia, por eso es la hora de la solidaridad y de la defensa de la democracia y de las instituciones.
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