EDITORIAL

¿Hasta dónde piensan llegar?

La derecha política y la derecha mediática han desatado un clima de inseguridad pocas veces visto en el país, actuando de forma absolutamente irresponsable.

Hoy algunos canales de televisión abierta, más el diario El País, parecen disfrutar cuando una familia uruguaya sufre actos de violencia.

Son capaces de mezclar una rapiña con un accidente de moto o una violación, con el objetivo de llenar páginas y cubrir espacios de tiempo para que el miedo se instale en la sociedad.

No estamos negando que en nuestra sociedad hay focos de violencia, pero en lo sustancial vivimos en una sociedad en paz. Tampoco reclamamos que no se informe de los desgraciados hechos que todos conocemos, pero el manejo de la información debe ser responsable, lo que no quiere decir acrítico con los responsables de la seguridad ciudadana.

Si se instala el miedo, se estará creando un clima social que sólo va a favorecer a esos sectores que por múltiples causas promueven y practican la violencia.

Ahora Pedro Bordaberry, coincidiendo con Luis Alberto Lacalle y Jorge Larrañaga, ataca a la ministra del Interior, Daisy Tourné, por cualquier tipo de causa. El objetivo es tener una víctima, mientras los uruguayos se encierran en sus casas porque los dirigentes de los partidos tradicionales y lo medios de comunicación de la derecha les dicen que afuera, en las calles, el miedo tiene cara de pobre.

«Señalar que el problema de la seguridad es multicausal no es novedad, pero es necesario, porque lo contextualiza. Se comprende entonces que el tema tiene varias facetas y que no depende sólo del Ministerio del Interior.

Es necesario insistir en la necesidad del trabajo mancomunado de varios ministerios, como se ha venido haciendo.

Además, porque las causas profundas no pueden solucionarse en corto plazo, y la prueba está en que se han sucedido varios gobiernos y a todos se les plantea el problema», escribió el domingo en Bitácora Jorge Jouroff, ex director general de secretaría del Ministerio del Interior. Idea que compartimos en su totalidad.

No puede ser, entonces, que por razones electorales algunos dirigentes de los viejos partidos tradicionales se hayan transformado en la cara visible de los principales promotores del miedo.

Llegó la hora de bajar la pelota, se esté del lado que se esté, para que entre todos los uruguayos se encuentren caminos que permitan aislar esos focos de violencia.

Sabiendo que el miedo construido artificialmente es el más peligroso, porque se termina transformando en una verdadera ola de incertidumbre, de inquietud y de nuevos temores. Y eso le hace mal a la democracia y cuando a la democracia algo le hace mal, pierde la gente.

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