La construcción mediática del campo y la gente en el conflicto argentino

En un artículo del domingo 27 de julio sostenía en este medio que, las demandas de la oligarquía argentina durante el reciente conflicto con el gobierno, encontraban paradógicamente, su vigencia en la realidad uruguaya. A la vez, que la victoria derechista se consumó realmente en el campo de batalla mediático. Descubro ese día, en la contratapa de la misma edición, que el director de LA REPUBLICA exponía treinta propuestas para democratizar la comunicación y hacer efectivo el derecho a la información. Si sólo algunas de ellas tuvieran vigencia en la Argentina, al contrario de la actual ley de radiodifusión de la dictadura y la prórroga de las concesiones con que el presidente Kirchner homenajeó a los grandes oligopolios, la derechización se hubiera dificultado, sino directamente imposibilitado. Detengámonos en dos de los pasos más groseros de la construcción mediática de la significación y de la consecuente semiótica naturalizante de los velos depositados sobre la complejidad social.

 

Primer paso: totalización  y homogeneización

La sorpresiva convergencia de la Federación Agraria Argentina (organización surgida del grito de Alcorta de 1912, que expresó la protesta y posterior organización de los chacareros) con las otras tres entidades representativas de lo más granado de la oligarquía terrateniente, autorizó a los grandes medios a producir la unificación de sus actores, demandas y luchas bajo el significante «El Campo». Es así que más de 250.000 productores agropecuarios, casi el 80% del total de ellos, desaparecieron de la escena mediática y consecuentemente de la realidad social visible por imperio de este acto denominativo sistemático y recurrente. «El campo» pasó a ser la mesa de enlace de las cuatro organizaciones en lucha y nada más. No se trató de economía del lenguaje, sino del ocultamiento consciente y deliberado de las formas de propiedad, del carácter de la (doble) renta agraria (de rentistas y arrendatarios), de las enormes diversidades y desigualdades de los productores agropecuarios de todo el país. Los intereses de los propietarios sojeros fueron y siguen siendo para los medios «El Campo». Un único campo homogeneizado.

Dado que ningún significante es neutro, una vez consumada la construcción de sentido en tal dirección, su semántica contendrá las asociaciones populares que, mediante una larga y compleja construcción cultural, naturalmente le corresponden. Así por ejemplo, la laboriosidad, el esfuerzo continuo, el encanto de lo natural, la sencillez, pasaron a sustituir una trama precisa de intereses tan dañinos como poderosos (tal el caso de las 35 familias propietarias de más de 20.000 hectáreas de la mejor pampa húmeda que dieron origen y actual sustento a la Sociedad Rural Argentina).

Este mismo paso dará lugar a una designación más abarcativa aún cuando los dirigentes concitaron la adhesión de las clases altas y medias urbanas. Ya no se trató de la movilización y protesta de «El Campo» sino de «La Gente». Y a la gente se le corresponde la espontaneidad, la inocencia, la buena fe, la diversidad, el desinterés, la solidaridad. Las movilizaciones simultáneas previas al debate parlamentario fueron tratadas por TN del multimedio Clarín dividiendo la pantalla verticalmente en dos, con subtítulos de «el campo» o «la gente» por un lado y «militantes K» por otro. Los últimos de los cuales son connotados con la organización, el interés, la disciplina, el acomodo, aunque sin duda, ello forma parte de la tradición burocratizante, clientelista y corporativa del peronismo.

 

Segundo paso: la inocencia de la lucha

Tras venir condenando regular y sistemáticamente toda forma de conflictividad, exaltando el perjuicio para la sociedad, en una pirueta discursiva sorprendente, el lock out patronal fue designado sin más como «paro agrario». En verdad, los propietarios soportaron cuatro meses a la vera de las rutas y en permanente movilización y presión lobbista porque sus peones nunca pararon, razón por la cual, los grandes medios consideraron irrelevante dedicarles atención alguna. Nada se sabe de ellos, legítimos productores de la porción de riqueza en disputa, salvo el hecho de que jamás hubo suspensión de actividades. El conflicto se desarrolló en las rutas, en las calles urbanas y en la construcción de la ofensiva hegemónica, en sentido gramsciano.

El corte de ruta, hasta entonces execrado, pasó a ser, por imperio de la construcción mediático-ideológica del paso anterior, un espontáneo e inocente recurso «novedoso» de «la gente de campo». Ya no se trataba de excluidos adocenados, de desocupados mendicantes e interesados en un plan social, de indignos demandantes de migajas para su propio provecho quienes sí hubieran merecido la dura condena por sus impactos sobre la paz social. Las cacerolas de teflón que saludaron los cortes y bloqueos desabastecedores e inflacionarios en los barrios de las clases más pudientes de Buenos Aires, sólo debieron salir a protagonizar la codificación mediática del sentido previamente configurada. A estos actores y su público los medios ya les habían redactado su guión.

Un grupo de colegas y amigos de muy diversas procedencias comprendió la magnitud y peligrosidad de esta reconfiguración de la estrategia hegemónica, del rol de los medios y de las nuevas articulaciones de la derecha argentina publicando cartas abiertas y dándose un lugar de debate en el llamado «Espacio Carta Abierta» que recibió en la Biblioteca Nacional la visita y apoyo de Néstor Kirchner. Sin embargo, junto con un adecuado diagnóstico de las amenazas en ciernes, le otorgó a su prosa cierto hálito de benevolencia, de soslayo y hasta de conmiseración para con el gobierno, con el argumento de que los ataques de la derecha a los que está siendo sometido lo harían acreedor de apoyo, cosa que supone, además de una contribución al maniqueísmo mediático, un salto lógico-epistémico simplista. Ello me aconsejó a omitir mi firma, a pesar de la inmejorable intención de la iniciativa en un país sin izquierda.

Cuando alguno de mis amigos uruguayos me pregunta por el conflicto con «el campo», temo muy severamente que la exportación de basura televisiva argentina y su creciente penetración en el mercado comunicacional uruguayo debilite la enérgica y sostenida estrategia contrahegemónica del progresismo oriental con las indeseables consecuencias previsibles.

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