Saludables modificaciones al IRPF
Nuestro editorial del viernes hacía hincapié en el hecho de que cada medida del gobierno era criticada sistemáticamente por la oposición. Recordemos la prédica constante del neoliberalismo en el sentido de aliviar la carga impositiva de modo de estimular la inversión y la actividad privadas. Sin embargo, una de las críticas de la oposición fue coincidentemente con sectores radicalizados que el nuevo impuesto consagrado en la Reforma Tributaria gravaba al trabajo y no al capital, en una interpretación bastante antojadiza de las nuevas normas.
Es así que la Reforma Tributaria despertó las críticas más encendidas provenientes desde diversos (y hasta opuestos) sectores de la sociedad. Y cuando el gobierno se aprestó a rever algunas disposiciones de dicha reforma y a modificar ciertos aspectos, surgieron voces tildando de electoralistas las modificaciones impulsadas y afirmando que los cambios introducidos eran demasiado tibios, mínimos e intrascendentes, por lo que podía afirmarse que nada habían cambiado.
A ello contribuyó, en forma nada despreciable, la opinión de diversos analistas económicos que ofrecieron a la población con el auxilio nada desdeñable de los medios del establishment (como no podía ser de otra manera) un panorama desolador que mostraba, con cifras elaboradas por esas consultoras, que las modificaciones impositivas no tendrían incidencia alguna en el bolsillo de los contribuyentes. De ese modo se abonaba la tesis sustentada por algunos dirigentes políticos de que se trataba de una maniobra con fines electorales.
El viernes pasado, el Equipo Económico debió salir a aclarar las cosas, a desmentir las conclusiones falsas y a demostrar que los cambios introducidos significaban un alivio real y palpable para la economía familiar. En este caso, el gobierno actuó con celeridad y logró comunicar correctamente su idea a la población, algo que no ocurría con mucha frecuencia hasta ahora. Con su claridad habitual, el ministro Astori y el subsecretario Mario Bergara expusieron los errores en que habían incurrido las consultoras privadas y demolieron una a una las afirmaciones falsas de que se había hecho eco la prensa conservadora. No vamos a reiterar los datos ya publicados en LA REPUBLICA (y recogidos por algunos medios audiovisuales que reprodujeron las gráficas elaboradas por el MEF), pero vale consignar que el aumento del mínimo no imponible por sí solo implica un alivio de consideración para decenas de miles de asalariados. También es bueno no olvidar que la progresividad de la tasa es un paso decisivo hacia la verdadera justicia tributaria, que también verán reducido su aporte al fisco los salarios de hasta 60 mil pesos y que sólo los ingresos muy altos deberán pagar más.
¿Esta reforma es ideal y por ello deberá permanecer incambiada sine die? De ninguna manera. Todos somos conscientes de que para llegar a una completa justicia tributaria y a una redistribución más justa de la riqueza, hace falta aún un largo trecho. Sabemos que sigue habiendo salarios sumergidos (el caso de policías, docentes y judiciales) por más que estos sectores y otros hayan recibido aumentos en porcentajes sin precedentes. Pero ocurre que se partió de cifras tan paupérrimas, que los incrementos salariales produjeron retribuciones mensuales que apenas si han logrado elevar mínimamente el nivel de vida de esos funcionarios.
El Frente Amplio ha venido cumpliendo el programa ofrecido a la población. Con dificultades, es cierto, pero con voluntad política de hacer lo imposible para cumplir. Por eso resultan fuera de lugar las medidas extremas dispuestas por algunos gremios públicos, que pretenden obtener, ya mismo, beneficios a los que, por más justos que sean, el gobierno no puede acceder sin generar un descalabro en las cuentas públicas.
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