Escrito por: Por Niko Schvarz Periodista
El último día de julio Panamá (y América Latina) recordaron la figura del general Omar Torrijos, gestor del gran movimiento nacional que condujo a la recuperación de la soberanía panameña sobre el Canal, desplazando a Estados Unidos y a sus bases militares. Torrijos falleció 27 años atrás, el 31 de julio de 1981, en un extrañísimo accidente de aviación, existiendo la seria presunción de que se trató de un atentado criminal urdido por la CIA y los servicios secretos norteamericanos. Otros hechos simultáneos refuerzan la hipótesis del crimen político.
En el entorno de esa fecha murieron, también en accidentes no aclarados, el presidente ecuatoriano Jaime Roldós y el comandante del ejército peruano, general Hoyos. Roldós había restablecido las relaciones diplomáticas con Cuba, China y Albania y según un estudio, “debió enfrentarse con la oposición norteamericana a su política de promoción de los DDHH y contraria a las dictaduras existentes en América del Sur”. En cuanto al general Hoyos, pertenecía a la corriente nacionalista de Juan Velasco Alvarado, que había gobernado en el período anterior, también con fuerte oposición de EEUU. Es sumamente improbable que esta seguidilla de accidentes mortales, en un breve lapso, sea mero fruto del azar. Es lo que demostró un análisis matemático realizado por un destacado docente uruguayo mientras estábamos en el exilio en México, asentándose la hipótesis de que detrás de ellos estaba la misma mano extranjera.
Recuerdan las crónicas que el 31 de julio de 1981 un avión DeHavilland Twin Otter que trasladaba a Torrijos desde la ciudad de Penonomé hasta Coclesito, a 200 kilómetros de la capital, se perdió en un día de tormenta, y fue localizado recién varios días después cerca del cerro de Santa Marta. Una versión que circuló ampliamente señala que los aparatos del avión fueron interferidos desde tierra.
Torrijos, que estaba al mando desde 1968, adquirió fama mundial cuando logró en 1977 la firma de los tratados con el presidente James Carter por los cuales Panamá recuperó efectiva y plenamente la soberanía sobre el Canal el 31 de diciembre de 1999, poniendo fin a casi un siglo de dominio estadounidense. En efecto: en 1902, EEUU compró los derechos sobre el canal interoceánico a la compañía francesa que a fines del siglo XIX había iniciado la construcción del mismo (dirigida por Ferdinand de Lesseps, el mismo del Canal de Suez), obteniendo al mismo tiempo, mediante un tratado, el arriendo a perpetuidad de una franja de 9,5 kilómetros de ancho a través del istmo. Como el Senado colombiano rechazó el tratado por razones de decoro y soberanía, EEUU fomentó una revuelta, luego sus marines impidieron que ésta fuera sofocada, y reconoció de inmediato al nuevo estado (Panamá). Eran los tiempos de la política del “big stick”, cuando el presidente Theodore Roosevelt proclamó: “I took Panama (Yo tomé Panamá). La construcción del canal prosiguió entonces bajo dominio total de EEUU, hasta su inauguración el 15 de agosto de 1914, a un costo enorme de vidas humanas por causa de enfermedades y plagas originadas en condiciones inhóspitas. Esta trágica historia está contada en el museo instalado junto al Canal, desde el cual se pueden avizorar las obras gigantescas de su actual ampliación (que equivale en realidad a excavar un nuevo canal paralelo, que multiplicará las posibilidades del tráfico entre los dos océanos y reviste enorme significación mundial).
A lo largo del siglo pasado, la lucha por la recuperación del Canal se convirtió en el objetivo principal de lucha de los sectores patrióticos. En enero de 1964, un grupo de 21 estudiantes intentó izar la bandera panameña sobre la Zona del Canal y fueron acribillados por los ocupantes norteamericanos, transformándose en mártires. Fue una lucha “de David contra Goliat” y Torrijos se convirtió en su símbolo, particularmente desde que logró la firma de los tratados con Carter, y al tiempo que, en el orden interno, impulsó planes de reforma agraria, la extensión de la educación y la “guerra del banano” por precios justos contra las transnacionales como la United Fruit.
Además de extraer enormes beneficios de la explotación del Canal, EEUU construyó una serie de bases militares, donde durante décadas se instruyó a los pichones de dictadores y golpistas que pulularon en estas latitudes. En una de esas bases juró Guillermo Endara como presidente títere después de la sangrienta invasión de los marines en diciembre de 1989 y la masacre de los Chorrillos, cuyas huellas todavía están visibles. Hace poco tuvimos oportunidad de recorrer esas enormes construcciones y servicios conexos, pero de ellas se ha arriado la bandera de las barras y las estrellas. Han debido marcharse con la música a otra parte. Como les pasó en Vieques, y ahora también en Manta.
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