La diplomacia de la solidaridad

Hasta el cansancio se ha estado diciendo por doquier que el presidente Hugo Chávez Frías anda con una chequera «comprando conciencia y adhesiones». Esas voces vienen tanto desde afuera como desde adentro de nuestro país.

En el exterior, se llega al absurdo y al ridículo de afirmar que nuestro presidente genera poder y lo acrecienta en Latinoamérica a través de pactos políticos. Al no poder gastarse los millones de petrodólares que brotan de los distintos pozos de Venezuela, el venezolano adapta su retórica progresista al bolivarianismo, que con algunas modificaciones personales se transforma en socialismo del siglo XXI.

También se ha dicho que la unión de la región bajo una misma bandera, ese deseo tan ferviente de Simón Bolívar, comienza a verse en la práctica bajo préstamos y prebendas que Chávez otorga a quienes les muestran su apoyo.

Con desfachatez se dice igualmente que el presidente Chávez no sólo tiene dinero, sino que además dispone de recursos energéticos que distribuye en la región a discreción, lo cual genera apoyo de aquellos gobernantes beneficiados por la benevolencia del mandatario.

Desde adentro del país, al unísono y como ventrílocuos, se avalan esas campañas, fundamentalmente mediáticas, y se agrega que todo ello es posible gracias a los precios actuales del barril de petróleo y que en definitiva estamos en presencia de un gobernante que está regalando los recursos de todos los venezolanos.

A los de afuera, comprometidos con los más oscuros intereses, sobre esas expresiones sólo les diría: por un lado, que admiten la importancia que hoy por hoy ha adquirido el presidente Chávez en el escenario internacional, particularmente en América Latina y el Caribe, y por el otro, que la solidaridad bolivariana ­histórica y actual­ no tiene precio, tiene valores y principios. A los de adentro de Venezuela, hay que decirles que la historia es sabia y habla por sí misma.

En momentos como los actuales, cuando los precios del barril de petróleo se incrementaron significativamente, por ejemplo 1974-1982, 1990-1992 y 1996-1997, con un dólar realmente fuerte y unos precios de los productos importados infinitamente más bajos que los actuales, no se invirtió en el país, la economía se estancó, no se acumularon reservas internacionales y lo peor y como corolario, se endeudó al país.

Ahora, la realidad habla. En promedio, la economía venezolana entre los años 2003 y 2007, creció 11,8% del PIB, debido al incremento de la demanda agregada y por el aumento del crédito para diferentes actividades productivas económicas y domésticas.

Actualmente, julio 2008, las Reservas Internacionales de nuestro país se ubican por encima en 34 mil millones de dólares, un verdadero récord histórico.

Venezuela canceló su deuda externa con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. El pago anticipado a esos organismos que vencía en el año 2012, ha significado un ahorro de US$ 8 millones en intereses. En este sentido, cerramos un ciclo histórico de endeudamiento con el FMI y el Banco Mundial que comenzó en el año 1989.

El total de la Deuda Pública de Venezuela (Interna y externa) respecto al PIB representó 30,6% en 1998 y para el año 2007 bajó a sólo el 18,5%. La Deuda Pública Externa del país en 1998 representó 25% del total del Producto Interno Bruto, disminuyendo a 11,3% del PIB en el año 2007.

Como decimos en Venezuela y, seguramente, acá también: «Más claro no canta un gallo».

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