La verdad se abre paso
En el arduo camino hacia el conocimiento de la verdad y el imperio de la justicia, la localización de una figura emblemática como Nelson Bardesio, su detención en Buenos Aires y su más que probable sometimiento a la Justicia configuran un hito de incuestionable trascendencia. No se trata de revanchismos ni de espíritu vindicativo no es ocioso remarcarlo sino de la muy humana necesidad de justicia.
El Uruguay ha empezado a saldar cuentas con la Historia. La sociedad uruguaya parece reencontrarse consigo misma, con su dignidad herida por la impunidad consagrada en la Ley de Caducidad, con un pasado de oprobio que los gobiernos posdictadura pretendieron, con ahínco, minimizar y ocultar, tergiversando los hechos, dándoles una interpretación torcida o negándolos impúdicamente.
Fuerza es reconocer que es al gobierno del doctor Jorge Batlle que debemos la apertura de ese reencuentro: el primer paso serio dado desde el Estado para romper el manto de silencio y el ominoso ocultamiento del pasado reciente fue la instalación de la Comisión para la Paz, una instancia que quebró el silencio y rompió con la tónica de los gobiernos anteriores, desvirtuando la «historia oficial» según la cual en Uruguay nadie había hecho desaparecer gente. Pero es sin duda bajo el gobierno actual que el proceso se aceleró, y es así que hoy tenemos a dos dictadores emblemáticos y unos cuantos de sus secuaces procesados por crímenes de lesa humanidad.
Ahora bien, más allá de estos resultados concretos y de algunos avances en el conocimiento de la verdad y en la ubicación de restos de desaparecidos, lo más importante es que el pasado reciente, digamos el periodo que va desde comienzos de los sesenta hasta el fin de la dictadura, ha dejado de ser un tema tabú en la sociedad uruguaya.
En efecto, luego de recuperada la democracia y hasta hace no mucho tiempo, el Estado uruguayo y la mayoría de los medios masivos de comunicación soslayaron cuidadosamente el problema, ningunearon los reclamos de víctimas y familiares, prescindieron del pasado tratando de que la comunidad lo olvidara.
Pero la lucha de familiares, de organizaciones defensoras de los Derechos Humanos, del Frente Amplio y de los medios dignos que no bajaron los brazos en esa lucha, terminó por demoler el edificio de mentiras y ocultamiento construido por la derecha.
Y la historia reciente, con toda su cuota de horrores e iniquidades, se tornó una realidad. El tema del terrorismo de Estado se instaló definitivamente en el colectivo social uruguayo, y los medios audiovisuales abandonaron sintomáticamente el empleo del condicional, reconociendo de ese modo la realidad del pasado hasta entonces puesto en duda.
Hoy se habla del Escuadrón de la Muerte como de algo que efectivamente existió, y nadie cuestiona que Bardesio fue agente de la CIA, que perteneció a esa mafia criminal y que ésta estaba integrada por connotados funcionarios vinculados al gobierno de la época. Por eso, independientemente del fin que lleve la detención de este terrorista y sus derivaciones, el hecho tiene un valor incalculable por cuanto ayuda al sinceramiento de toda la sociedad.
Es más que saludable que los informativos de televisión muestren imágenes, comenten y analicen datos e informaciones referidos a ese pasado, dando por sentado que los hechos sucedieron así y no de la manera en que pretendió mostrárnoslo el establishment.
Es, también, un duro golpe a la teoría de los dos demonios, teoría que confunde la historia y pretende justificar el terrorismo de Estado. A partir de ahora, nadie podrá sostener que la dictadura fue consecuencia del accionar guerrillero.
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