EDITORIAL

Socialismo del siglo XXI

Tal como lo ha señalado en diversas oportunidades el presidente Hugo Chávez, el socialismo es el único camino de la independencia nacional. Pero en la Revolución bolivariana este camino es distinto, nuevo y se construye desde sus raíces.

Cualquier otra senda los conduciría a un barranco, como el capitalismo, por ejemplo, que lleva al ser humano a la miseria, a la lucha por un pedazo de pan, en fin, lo transporta a la peor de las quiebras, tanto en el aspecto económico como en el humano.

En uno de sus escritos publicados (2006) en la página digital de la Asociación Universitaria Carlos Marx, Michael A. Lebowitz considera que desarrollar una sociedad que sea buena con la gente no es suficiente «para poder crear un mundo mejor, debemos estar preparados para romper con la lógica del capital». Lebowitz plantea que, para entender el socialismo es necesario saber qué no es el socialismo, para lo cual detalló: «El socialismo no es una sociedad en la cual las personas venden su mano de obra y son dirigidas desde arriba por otros cuyas metas son las ganancias más que la satisfacción de las necesidades humanas. No es una sociedad en la cual los dueños de los medios de producción se benefician dividiendo a los trabajadores y a las comunidades para bajar los salarios e intensificar el trabajo -es decir, para ganar más incrementando la explotación-. No es un sistema donde no se toma en cuenta a los campesinos, a los desempleados y a los excluidos y donde la única lógica es la lógica del incremento del capital. En resumen, el socialismo no es el capitalismo».

El socialismo tampoco es una sociedad estatista, donde las decisiones se imponen desde arriba y donde toda iniciativa es potestad de los funcionarios del gobierno o de los cuadros de vanguardias que se autorreproducen. Precisamente porque el socialismo se centra en el desarrollo humano, enfatiza la necesidad de una sociedad democrática, participativa y protagónica. Una sociedad dominada por un Estado todopoderoso no genera los seres humanos aptos para crear el socialismo.

Igualmente, señala que el socialismo no es totalitarismo. Precisamente porque los seres humanos son diferentes y tienen diferentes necesidades y habilidades, su desarrollo por definición requiere del reconocimiento y respeto de las diferencias. Agrega: «Las presiones del Estado o las de la comunidad para homogeneizar las actividades productivas, las alternativas de consumo o estilos de vida, no pueden ser la base para que surja lo que Marx reconocía como la unidad basada en el reconocimiento de las diferencias. Finalmente, el socialismo no debe ser entendido como un sistema con características específicas, leyes y límites. Más bien, el socialismo es un proceso».

«Sin democracia jamás habría socialismo, en cambio el capitalismo destruye la democracia». Tal aseveración la realizó Hugo Chávez el 28 de julio de 2007, durante su participación en la asamblea de aspirantes a militantes del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). En esa ocasión, al referirse a la ética socialista, el Presidente indicó que «no habrá socialismo sin ética, si nosotros no comenzamos con una revolución moral, dando el ejemplo de ética socialista, de desprendimiento, de solidaridad y amor entre nosotros jamás comenzaremos el socialismo, sería todo una gran farsa. Una de las argucias de nuestros adversarios, los capitalistas, es que yo estoy aquí acabando con la democracia, que estamos desmontando las instituciones, que estamos montando una dictadura en Venezuela, es al revés, ellos tienen una dictadura mundial contra la democracia, que no es el modelo que pregona el presidente de Estados Unidos del imperio estadounidense, George W. Bush, ni las élites de los países de América Latina, las oligarquías y las burguesías.

Yo no he engañado a nadie en Venezuela. Vamos hacia el socialismo. Uno nuevo, propio. Ese tenemos que idearlo y parirlo», Hugo Chávez Frías.

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