Esta frágil civilización tecnológica

El dogma de la capacidad de la tecnociencia para expandir el crecimiento y controlar sus riesgos, hasta hace poco universalmente aceptado, ha sufrido un resquebrajamiento. Nacido, imprevisiblemente, en el respetable mundo de los negocios y la comunidad científica.

Las empresas de seguros titubean y se niegan a cubrir ciertos riesgos asociados a desastres nucleares, química de alta tecnología e ingeniería genética. Lo hacen, sin embargo, con los vinculados a catástrofes climáticas.

Si bien Thomas Loster de Munich, Rep. Alemania, una de las empresas reaseguradoras más importantes del mundo, advierte: «Necesitamos detener este peligroso experimento que la humanidad está llevando a cabo con la atmósfera de la Tierra».

Y Andrew Dlugolecki, del CGMU Insure Group, de Gran Bretaña, afirma que los daños provenientes de fenómenos atmosféricos se incrementan 10% por año.

Si esta tendencia continúa, añade: «Para el 2065 sólo los de tormentas excederán al producto bruto interno del mundo». El que, obviamente, habrá entrado en bancarrota como antes; si escapa a la catástrofe nuclear y las pandemias.

Pero, aún sin llegar a estos acontecimientos extremos, algunos investigadores comienzan a preguntarse: «¿Estaremos condenados?» Y analizan un punto clave: el de si la propia naturaleza de esta civilización puede provocar su destrucción. Puesto que una sociedad cada vez más compleja e interconectada, globalmente, se torna cada vez más vulnerable.

Thomas Dixon, experto en ciencias políticas de la Universidad de Toronto, Canadá, dice que las intrincadas redes que nos conectan estrechamente y que mueven gente, materiales, información, dinero y energía amplifican y transmiten cualquier shock. «Una crisis financiera, un ataque terrorista o el brote de una enfermedad tienen instantáneos efectos desestabilizadores, de un lado al otro del mundo».

Y Charles Perrow, una autoridad en accidentes industriales y desastres de la Universidad de Yale, EEUU, afirma que hemos llegado al punto en que «una falla en cualquier lugar significa, en forma creciente, una falla en todas partes». Lester R. Brown, del Earth Policy Institute, Washington, una voz importante del movimiento ambientalista, insta a tomar medidas urgentes: «El mundo no puede esperar perder un día más».

Necesitamos una Gran Movilización, como en tiempos de guerra». Se trata de la carrera entre el cambio a una tecnología sustentable y el colapso. Emulo moderno de Casandra, las señales de la realidad actual indican que sus advertencias serán ignoradas.

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