Economía de mercado: viva la responsabilidad social de las empresas
Como todo tiene que ver con todo, y leyendo el editorial, más el artículo de Guillot del día jueves 5 de junio, me dio por tenerlos en cuenta a ambos para hacer éste. Por supuesto que estoy de acuerdo con aquellos.
Viene a cuenta decir que hace ya bastantes años que, en las «Naciones Unidas» (el entrecomillado lo pongo porque de unidas tienen muy poco), se creó el Ecosoc con el cometido de controlar la acción de las empresas transnacionales ¿….?; hace unos años se habló de los «Códigos de Conductas» de las Empresas ¿…..?; hoy se habla de la responsabilidad social de las empresas ¿……? Más allá de las interrogaciones, la realidad es que la riqueza se sigue concentrando, lo que demuestra que ni hay responsabilidad social de las empresas, ni control de las transnacionales; como tampoco códigos de conducta empresariales que actúen responsablemente en pro de la sociedad en su conjunto, de una economía «con rostro humano».
Como mucha cosa hoy está al revés y porque temo ser injusto con algún empresario (no muchos, eh), me abro y escribo al revés: «Al que no le quepa el sayo que no se lo ponga».
Se vendió, se sigue vendiendo, el verso de «Mercado Libre», «¡¡¡porque es ahí donde se desarrolla la persona, la economía, la sociedad y la historia!!!» Pero lo que no aparece en el discurso, es que al mercado lo controlan los que concentran la riqueza, lo que supone que no hay libertad de mercado.
Concentran unos pocos, sufren los más. ¡¡¡Pero no se preocupen, hoy muchos gobiernos, muchos organismos internacionales, hablan en todos lados de «combatir la pobreza»!!! Nada más parecido a un sofisma porque si tomamos como cierto lo anterior (lo es), de lo que habría que hablar es de que hay que luchar contra los mecanismos que hacen a la concentración de la riqueza y por la justa distribución de la producción social de la riqueza. Sin el combate a la concentración de la riqueza es una mentira hablar de combatir la pobreza. De los versos estamos cansados.
Esto no es un simple juego de palabras, de lenguaje. El lenguaje es un excelente transmisor de cultura y ésta se transforma en ideología que, a su vez, se ejerce con políticas y el lenguaje en política no es inocente de nada, el problema es lo que contiene, para bien o para mal, si no, analicemos algunas frases (aprovecho lo de Guillot cuando escribe: …»los medios audiovisuales que difunden la ideología hegemónica del imperio»).
¿Se acuerdan del «hacé la tuya» para vendernos una bebida?; después apareció «ser egoísta no está mal» para vendernos comida chatarra; luego apareció «me cansé de mi conciencia, quiero ser yo mismo» para vendernos goma de mascar. Qué brutal. ¡¡¡viva el individualismo, el egoísmo!!!, ya que es el camino para desarrollar la persona, la economía y el mercado. No es casualidad que las tres, de entre tantas, sean empresas transnacionales mandándonos esos mensajes ¡¡¡tan, pero tan solidarios!!! y preocupados por la sociedad.
Y seguimos con el lenguaje funcional al modelo económico y, cuándo no, al sistema:
Hoy todo el mundo habla de «recurso humano», cuestión que trae por definición subyacente y/o expresa la utilización del ser humano como servidor de la economía, del marcado y no éstos al servicio del ser humano, de todos los seres humanos. Se habla de «mercado de trabajo» y, vista la realidad, el trabajo pasa a ser una mercadería que se remata en el mercado y no estos al servicio del ser humano, de todos los seres humanos. Se habla de «mercado de trabajo» y, vista la realidad, el trabajo pasa a ser una mercadería que se remata en el mercado y no el medio por el cual los trabajadores (as) se puedan desarrollar plenamente en forma personal, en familia y en sociedad. Hasta el volumen de conocimientos de la sociedad, como desarrollo cultural del conjunto, pasó a ser «capital social» (las negritas, antes y después, son mías).
«De paso cañazo», pido que los técnicos y los políticos no pregunten sólo a sus pares chilenos sobre las bondades de su «modelo» chileno. Viva la «American way of life», mueran los principios y los valores.
Parece que la cosa debiera ser exactamente al revés y eso, depende de la enseñanza, de la formación tanto formal como informal de los organismos tan venido a menos y de los medios de información tan mediocres y culpables en su mayoría. También acá, al que no le quepa el sayo que no se lo ponga.
El editorial habla del hambre, los lamentos y de las cosas urgentes que habría que hacer según la ONU y la FAO. Hace mucho, muchas décadas que se habla de lo mismo, que se clama y se proclama.
Tomemos por ejemplo el Africa como continente descuartizado por los imperios europeos para esclavizar sus habitantes y rapiñar las riquezas materiales de su suelo. Hoy lo que le queda al Africa es la miseria, el hambre, las enfermedades y la muerte temprana. ¿Dónde están el oro y los diamantes y otras riquezas africanas; a quienes hizo ricos; a quienes siguen haciendo ricos?, la respuesta es clara, es simple.
Concluye el editorial: «Terrible lo de ayer, mucho más terrible lo de hoy».
Uno se pregunta: «¿quién le pone el cascabel al gato? ¿las «Naciones Unidas»?; difícil, ya que habría que cambiar toda su estructura de poder interno; ¿la OMC?, lo mismo; el ¿FMI? etc., lo mismo. Sigue vigente y lo seguirá siendo aquello de que «sólo el pueblo, organizado y en lucha, salva al pueblo».
Una advertencia: quizás a la clase trabajadora se agreguen otros sectores, que los empresarios de acá cuiden su espalda de las empresas transnacionales y no de los trabajadores (de acá y de allá). A esta altura de la globalización y sus contenidos, sin duda, aunque no lo sientan así, ya son algunos (serán más) «funcionarios» dependientes de los que determinan las reglas del mercado internacional. Quizás pasen a integrar una clase y su lucha que hoy niegan.
A modo de conclusión de éste: hoy se habla del agua potable y acá, en nuestro país, como en otros, la tierra se está extranjerizando, ya hay algunas aguas minerales que pasaron a manos de transnacionales así como buena parte del territorio nacional que también está sobre el acuífero guaraní. A «poner las barbas en remojo» para que nuestro futuro no se parezca, por lo menos, al de Africa con su oro y diamantes o a Afganistán e Irak por su petróleo. La energía ayuda a la vida, el agua es la vida.
Si acaso el futuro depara guerras por ella (como ya se anuncian) serán las más desvastadoras de toda la historia. Hay que juntarse para evitarlas, hay que juntarse para preservar el agua como una de nuestras riquezas; hay que defenderla de la especulación, de la rapiña, hay que juntarse para distribuirla con justicia, somos parte del planeta que se está quedando sin agua potable, de ella tenemos que ser responsables nosotros y no otros, esos que manejan el mercado para beneplácito propio y miseria de muchos.
Compartí tu opinión con toda la comunidad