EDITORIAL

Preparando el recambio del equipo económico

El recambio del equipo económico que se producirá en los próximos días no será un hito cualquiera y, de alguna manera, debe ser anticipado convenientemente por el gobierno. Los escenarios sobre los cuales operará la nueva administración de la economía serán diferentes a los que enmarcaron la ejecución de la política económica y social de este gobierno. No hay que leer la corrección del Outlook del FMI publicado el jueves pasado para saber que, definitivamente, en 2009 habrá variantes en las relaciones de precios principales –tasas y monedas esencialmente– cuyos impactos están siendo adelantados por las políticas de prevención de riesgos en los países que tiene una tradición cultural y medios para imponerlos. Incluso, el punto más discutible de esta anticipación tiene que ver con lo que sucederá al fin en los EEUU, pero aun así, hay un relativo consenso en cuanto a que la resolución del conflicto monetario y financiero se extenderá unos meses más y que a su salida, la estabilidad se recompondrá sobre la base de fuertes incrementos en las tasas de interés. Estos movimientos bruscos del precio del dinero no sólo están en la base de los cambios de precios relativos del comercio sino que, además, son las vías de traslación más rápida de los costos de solución de crisis centrales hacia la periferia del sistema capitalista.

Es temerario ubicar en el calendario ese punto de inflexión en el cual, las modificaciones de tasas y paridades cambiarias determinarán también modificaciones importantes en los precios y costos de producción de las materias primas. Empero, es consensual que los países que no hayan construido planes de contingencia pasibles de ser entendidos por la población deberán enfrentar turbulencias difíciles de administrar. Dado que los mercados anticipan esos escenarios, hay un efecto «anterior» al cambio de escenarios que se va instalando paulatinamente en cada país. Uruguay no es una excepción y los incrementos de las tasa de interés resultan una síntesis que debería alertar, más que al gobierno que conoce lo que sucede, a la sociedad en su conjunto. Claro que para eso, es el gobierno el que vuelve a tener una responsabilidad de traductor calificado de la información más compleja. Los pueblos entreven ese tipo de realidades complejas y muy dinámicas adoptando su providencias, a través de la comunicación pública. Y es aquí dónde Uruguay tiene instalado un problema que multiplica todos los riesgos.

En tanto, ese recambio del equipo económico debe ser previsto como una instancia delicada de la comunicación del gobierno y la gente en vísperas de cambios de escenarios como el que adviene. Allí reside uno de los desafíos más importantes de la política de cierre de este período de gobierno. Y es probable que, dado el juego de acomodación electoral, se pierda de vista la importancia de mantener el plan asegurándose no sólo que nadie jugará con fuego sino que, los técnicos que sustituirán al equipo actual en la faz ejecutiva de la economía podrán mover el timón a tiempo y con la fuerza que sea necesaria.

De allí que, quizás, haya que ensayar o anticipar alguno de esos movimientos que los cambios de escenarios van a requerir en poco tiempo más. Es cierto que hay que prever y, quizás, neutralizar reacciones sectoriales que especulen con ese cambio de la conducción económica para hacer valer su fuerza, corporativa por ejemplo. Pero también es cierto que lo que el gobierno debe neutralizar desde ya es cualquier especulación sobre su debilidad política o cultural para enfrentar desequilibrios inevitables. En tanto, quizás haya que mantener la atención centrada en la estabilidad macroeconómica, santo y seña en torno a la cual se definirá en este país algo más que el centro. Y ello no implicaría ninguna renuncia al avance del programa de transformaciones radicales que este gobierno ha prometido y las mayorías han votado.

No sería conveniente enterarnos mediante una conferencia de prensa que el Ministro y su equipo dejara sus cargos mañana. Sería en cambio, deseable y prometedor que esa instancia estuviera anticipada y rodeada de una comunicación diferente en formas y contenidos, capaz de cerrar una etapa y habilitar a la nueva conducción económica en condiciones diferentes de las que hoy parecería disponer cuando se aproxime el cambio de los escenarios en los cuales se implementó y ejecutó el programa de gobierno en la historia reciente.

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