Las religiones todas deben conversar para bien de la humanidad
Hace mucho que los afroumbandistas uruguayos reclamamos un diálogo interreligioso inclusivo y abierto donde los participantes expongan sus perfiles sin cortapisa. En el entendimiento o en el disenso, es necesario conocernos y reconocernos en las diferencias con las distintas visiones espirituales que habitan nuestro país. ¿Quién teme a la pluralidad?
He dicho y sostengo que en el tema religiones, la participación de dos o tres, se parece más a una confabulación que a un coloquio. En Uruguay no hay verdadero diálogo interreligioso. Hoy conversan judíos, católicos y algunos evangélicos. Trabajar juntos para mejorar el mundo sería urgente, sin embargo, por aquí falta la voluntad política de las llamadas grandes religiones y la realidad es que hay discriminación donde debiera darse ejemplo de solidaridad. ¿Es que aún no hemos adquirido las comunidades creyentes la suficiente madurez humana y espiritual como para intercambiar conceptos e ideas prácticas en beneficio de la sociedad que habitamos? El diálogo entre congregaciones diferentes sería una concreta expresión de amor por la humanidad. El racismo estructural determina que existan en la actualidad credos de primera y segunda categoría. ¿Es eso justo? ¿Puede ser precepto de algún dios? Tal vez las religiones provenientes de los países colonizadores de América por temor a perder endémicos privilegios, se resisten a ceder espacios de poder perpetuados en la conciencia popular a fuerza de presencia permanente en los medios de comunicación y poderío económico.
Los tiempos exigen actitudes sin exclusiones para optimizar energías en provecho de la gente, de lo contrario corremos riesgo de acrecentar la pérdida de valores, el descontento y las desigualdades que inevitablemente engendran violencia. Tomando decisiones consensuadas es y será posible combatir flagelos que anegan de injusticia las naciones mestizas del tercer mundo, por ejemplo, resulta imperioso expresarse desde la religiosidad, sobre la infame ley inmoral y xenófoba que criminaliza la inmigración votada recientemente por el parlamento europeo. Aunque en las creencias está implícito lo sectorial, eso no obstaculizará el arribo a grandes confluencias que tenemos la responsabilidad de fomentar.La necesidad de dialogar está ampliamente demostrada en emprendimientos internacionales, de los cuales tal vez el más trascendente sea el Parlamento Mundial de Religiones.
El gobierno de la Intendencia montevideana, procurando construir ciudadanía a través de mecanismos útiles a la cohesión social, tiene un compromiso refrendado en la promoción del diálogo interreligioso, como forma de revalorizar grupos marginados por su origen afroindígena, en el Plan de Acción de la Coalición de Ciudades Lastinoamericanas y Caribeñas contra el Racismo promovido por Unesco en 2006, movimiento del cual Montevideo es capital iberoamericana desde el año pasado. En el Compromiso 8 parte final de dicho plan, dice: «Promover el respeto en el ejercicio de las manifestaciones religiosas y el diálogo interreligioso.» Instruir: «Programas de promoción para el diálogo interreligioso.» La comuna central del país sería un inmejorable convocante y moderador en estas cuestiones.
Por la situación de nuestro país y del mundo, hacemos pública la necesidad de que se entable prontamente un diálogo interreligioso oficial en el Uruguay.
El idioma y la espiritualidad son las dos piernas sobre las que el hombre se yergue y camina hacia su destino, se proyecta como ser social y crece en comunidades. La identidad religiosa es un potente componente nacional que no debe ser subestimado a la hora de aplicar políticas sociales. Muchas veces los legisladores al hacer leyes, obvian las libertades espirituales que luego se ven recortadas, siendo una necesidad para las personas el uso y disfrute constitucionalmente consagrado de sus derechos culturales, entre ellos la fe.
Pensemos en la fraternidad que aleja el egoísmo, cuidemos los valores de convivencia en paz y buenas costumbres. El concepto de tolerancia es caduco; implica jerarquías, rangos, grados, comparaciones. Sobre bases de desigualdad no podremos construir un mundo de beneficios paritarios y de justicia social. Tengamos respeto más que resignación y démonos oportunidad de conocer al otro para alejar los miedos que nos guetizan. Apliquemos el verbo amar.
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