Una buena nueva
El acuerdo logrado entre el gobierno de la república y la Congregación Salesiana para que esta orden tome las riendas del actual sistema de rehabilitación de jóvenes infractores, Interj, constituye una muy buena noticia para la sociedad uruguaya. Sólo quien ha trabajado desde hace mucho tiempo en medio de la pobreza, quien conoce a fondo las calamidades más conmovedoras de la sociedad uruguaya, puede abrazar esa cruz. Y ese abrazo a una problemática sin salida para nuestro colectivo social, puede asociarse a la cruz de aquel Señor en la historia de la humanidad que entregó tanto amor por sus semejantes. Comporta un compromiso muy grande para quienes, como el Padre Mateo Méndez van a desarrollar, no tengo dudas, un proyecto absolutamente basado en desactivar de raíz la violencia que existe en ese puñado de jóvenes, cuya historia familiar y personal está emparentada con la más absoluta miseria material y espiritual.
Enhorabuena esta noticia que enaltece el alma del Uruguay. He trabajado con los salesianos, codo a codo. Los he visto en Talleres «Don Bosco», con mis ex alumnos del actual INAU, he tenido el supremo honor de supervisarlos en nombre del Instituto del Niño y del Adolescente, hace algún tiempo en Casavalle y en las cercanía del Barrio Borro, donde también trabajan por los pobres, otras mujeres y hombres, pertenecientes a diversas comunidades eclesiales de base, a quienes recuerdo con afecto y reconocimiento por lo que me brindaron y enseñaron. Somos compañeros de ruta, son los constructores de la esperanza, brindándose enteros por los humildes. Ellos asumieron históricamente el papel del cual el Estado estuvo tan ausente durante décadas, asociado a una impronta neo liberal, que generó postergaciones, analfabetismo, hambruna y hacinamiento en amplias capas y en especial en esa franja más débil, que representan los niños y adolescentes del Uruguay, en su enorme mayoría pobres.
Por eso le deseo al Padre Mateo, y a toda la generosa familia Salesiana, el mayor de los éxitos en su tarea. Felicitamos también a la ministra de Desarrollo Social Marina Arismendi, y a su equipo, por esta decisión que está cargada de compromiso y de fe. La lucha contra la pobreza no es tarea de un puñado de gobernantes, por más esclarecidos que estos sean, más allá de sus mejores intenciones, que han demostrado en estos breves tres años de exitosa gestión. Aquí, sin embargo, debemos embarcarnos todos: laicos, cristianos, marxistas, liberales y buenos samaritanos. Mujeres y hombres de buena fe y valores humanistas, ajenos al cálculo político o gremial pequeño para construir entre todos una patria inclusiva.
Esos niños y adolescentes infractores, también necesitan un oído que los escuche, un abrazo afectuoso y una palabra sincera de aliento. Los Salesianos saben de aquello. Tienen una historia que los respalda. Podemos estar tranquilos y confiar en su tarea.
Como antecedente histórico, tan presente por estas fechas, vale recordar la experiencia del Presidente Salvador Allende en Chile, durante los 1000 días de la Unidad Popular, convocando a la alianza de más heterogénea y rica de partidos y de movimientos políticos, sociales y también religiosos, en quienes Allende reconoció y vio como sus compañeros de causa por una sociedad más justa. También, esos hombres de fe, que abrazaron en su camino personal y espiritual la Cruz de Cristo, vivían el Evangelio a plenitud, en medio de las poblaciones marginales con los pobres, compartiendo sus angustias y sus sueños.
Fue un cura francés, André Jarlan, quien entregó su vida por los excluidos de siempre, en la heroica Población de La Victoria. Y así, encontraremos, en el rico patrimonio histórico del Uruguay y de América Latina, casos ejemplares de hombres y mujeres de fe que han dado la vida por sus congéneres más carentes. Una buena nueva para nuestro Uruguay y para los niños y adolescentes del Interj, que mucho necesitan de un camino espiritual y oportunidades, ajenos a las rejas y muros para encontrarse a sí mismos.
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