EDITORIAL

La nave latinoamericana

Latinoamérica está pesando en el concierto mundial, como nunca antes lo había hecho. En el fondo de esta nueva realidad está el creciente proceso de integración, contradictorio por cierto, y por la visión de sus líderes que han salido al mundo a influir y a jugar fuerte en beneficio de los pueblos.

Los últimos años muestran que Latinoamérica ya no depende tanto de sus relaciones con Estados Unidos ­no es yanquidependiente­, aunque no rompe con Estados Unidos sino que se relaciona con él desde posturas soberanas.

Lula. El presidente de Brasil se ha transformado en un huracán que recorre el mundo. Se enfrenta sin titubeos a las grandes potencias mundiales que quieren que los líderes de los países emergentes paguen el costo político de la crisis alimentaria y de la suba de los precios del petróleo, cuando son las grandes potencias las que especulan con los costos energéticos y subsidian a sus productores de alimentos.

Por ello no dudó decir, en su reciente visita a Vietnam, que ese país tiene la gloria de haber vencido en un mismo siglo a potencias como Francia y Estados Unidos, las mismas que hoy atacan a Lula y a todo Brasil por su actitud independiente ante los grandes problemas de la economía global.

Chávez. Las nuevas gestualidades del presidente de Venezuela, lo muestran como un líder que por encima de su discurso radical, sabe poner la reversa porque ha priorizado la paz.

Hugo Chávez apostó a la recuperación de Ingrid Betancourt, lo hizo con sinceridad, y a pesar de las diferencias sustanciales con el presidente de Colombia, Alvaro Uribe, ayer lo recibió en su casa y le extendió la mano. Todo en el marco de su propuesta de que las FARC se desmovilicen y busquen una salida negociada. Chávez quiere la paz.

Fidel. Los cubanos aparecen, en materia de diplomacia internacional, como muy maduros y serenos. Cuba ha actuado con cautela y no ha cometido un solo error, el grado que se puede sostener que ninguno de los conflictos latinoamericanos ha tenido que ver con acciones o posturas de La Habana.

Además, en esta etapa convaleciente, Fidel surge ante la opinión pública mundial como un líder reflexivo, culto, abierto en el pensamiento, profundamente humano e interesado en el destino de la humanidad.

Tabaré y Michelle. Los presidentes de Uruguay, Tabaré Vázquez, y de Chile, Michelle Bachelet, expresan dos políticas ­por lo menos en el lenguaje­ menos radicales que las que aplican los tres presidentes anteriores. Esto pasa a pesar de que las izquierdas de Chile y Uruguay son las más antiguas y más identificadas, desde su origen, con las corrientes marxistas.

Pero tanto Bachelet como Vázquez son dos primeros mandatarios que han recorrido el mundo, buscando abrir mercados. No son dos huracanes como Lula, pero son dos trabajadores incansables para colocar a sus dos países, y a Latinoamérica, dentro del concierto mundial, sabiendo que no tienen el poder de Brasil pero que igual pueden incidir.

Estamos, entonces, ante un buen grupo de líderes que con sus particularidades geopolíticas y personales, están en condiciones de hacer navegar a la nave latinoamericana por este mundo bravío donde la falta de petróleo y de alimentos puede impulsar a la humanidad a la barbarie.

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