Diputados, periodistas y medios, enfermos de "cubanitis"
Es curioso el interés demostrado en los últimos días por un diputado, dos medios de prensa y algunos periodistas, respecto a si el presidente doctor Tabaré Vázquez en su viaje a Cuba podía plantearse una reunión con disidentes al régimen imperante en dicha nación caribeña. Muy acertadamente, alguien catalogó el anhelo de esos pocos como una enfermedad llamada «cubanitis».
A la reunión de marras, un verdadero imposible por mínimas reglas ético-diplomáticas, se le dio insistente «manija» desde días antes de partir la delegación uruguaya hacia aquellos lares. Como si meter las narices en problemas internos de otros países pudiera resultar algo normal, olvidando los impulsores del absurdo plan el papelón que le costó nada más ni nada menos que al general Charles De Gaulle, en una visita a Canadá hace muchos años, reunirse con grupos autonomistas de Quebec, invocando su condición de descendientes de franceses.
Resulta indudablemente asombroso que a los afectados por aquel «mal» no se les haya ocurrido preguntarle al doctor Tabaré Vázquez antes de su viaje a China, si había concertado alguna reunión con los monjes tibetanos o al canciller doctor Fernández, en reciente viaje a Buenos Aires, si cabía la posibilidad de que se reuniera con De Angeli y sus muchachos del agro que también, salvando las distancias, son disidentes ante el gobierno de Cristina Fernández.
Todo ese proceder, fundamentalmente dirigido contra el gobierno revolucionario cubano, al que incluso acaba de abrir sus puertas tirando al tacho la opinión de George Bush y su bloqueo tan infame como cruel la mismísima Unión Europea, no deja de llamar la atención. Y muchos se preguntan en qué quedó, para esos enfermos de «cubanitis», el manido principio de no intervención, proclamado toda la vida en Uruguay, en situaciones parecidas, por prohombres de la talla de José Batlle y Ordóñez y Luis Alberto de Herrera.
En los últimos tiempos hemos sido testigos de groseras referencias a presidentes de otros países, incluso por personas que ocupan u ocuparon cargos muy importantes en gobiernos de Uruguay. Algunos incluso aventurando dar consejos de cómo tendrían que ser gobernados sus países, lo que constituye un ridículo además de una injerencia en asuntos internos de otras naciones, cercanas o lejanas. De ahí que haya estado muy acertado el presidente Vázquez, al responder ante la insistencia de esos anticastristas empedernidos, que su visita a la Isla, al igual que la cumplida días antes a Panamá y luego a México, no tiene otro objetivo que intercambiar opiniones con los gobiernos y únicamente con los gobiernos, en busca de acuerdos comerciales y culturales bilaterales. Con Cuba muy especialmente, también sobresalía un convenio médico-sanitario de gran alcance.
Donde el puntapié inicial (con rotundo éxito) ha sido el tratamiento de pacientes oculares de escasos recursos, primero en Cuba y luego en Uruguay, en un excelente Hospital de ojos creado a esos efectos. Al que asisten cientos de compatriotas que carecían de recursos económicos para afrontar una intervención, brindada ahora gratuitamente por notables especialistas, absurdamente discutidos a nivel de algunos gremios médicos por aparente carencia de reválida y posgrado, cuando, como lo demostramos en una nota anterior, hay en nuestro país decenas de «especialistas» que ejercen y carecen del mismo.
Volviendo a lo del comienzo; si no les gusta el régimen cubano, nada pueden hacer pues lo que pasa (o no pasa) en Cuba, como lo que pasa (o no pasa) en China, Bolivia, Venezuela, Argentina, etc. es tema exclusivo de sus gobiernos y son ellos quienes tienen que resolverlo. A lo largo de toda su historia, Uruguay fue un ejemplo de aplicación del principio de no intervención. Causa risa que algunos que se jactaron de una gran amistad con otros países que durante muchos años vivieron bajo regímenes dictatoriales, ahora ataquen sin piedad a Cuba. Pongamos el ejemplo de Paraguay. Hubo partidos uruguayos que a lo largo del tiempo hicieron «migas» con varios de sus dictadores. Sin embargo hace pocos días, no fueron capaces de invitar a sus directorios a Lugo, sencillamente, porque es un presidente (además de constitucional) de izquierda. Como si tras la elección de su pueblo, ello constituyera un delito.
Otra pifia significativa sufrieron los «contras» de nuestro gobierno con la entrevista a Tabaré con Fidel. Varios días estuvieron mascullando que a diferencia de Chávez, a Tabaré Fidel no lo recibiría. El legendario líder de la revolución cubana y ex presidente por largos años de su país, no sólo lo recibió sino que le dedicó a la charla mutua, más de dos horas.
En resumen, aprendan a hacer oposición muchachos, arte que por tanto ejercer el gobierno en Uruguay, ya sea individualmente o por medio de un absurdo balotaje, por lo visto todavía no han aprendido.
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