Candidatos y programa
Durante un reciente encuentro con compañeros de fuerzas políticas que representan a buena parte de la izquierda y el progresismo latinoamericano no se soslayó en el debate el uso y abuso de técnicas de «marketing» en la política contemporánea, propias de las grandes empresas, destinadas a estimular la competencia, el rendimiento de las fuerzas de venta y acrecentar sus utilidades.
El arte de gobernar, en particular en períodos de elecciones, ha venido derivando en el presente posmoderno, en una suerte de puja o remate propio de los actos de comercio, entre fórmulas carentes de contenido programático e ideológico, mayormente identificadas con aquella literatura ligada a Dale Carnegie, Mandino y otros paladines del capitalismo que invitan a fabricar fortunas. Parece hoy muy lejano en esta manera «light» y descafeinada de hacer política, en el juego de vanidades y de la imagen, rememorar y mucho menos intentar emular a personajes y paradigmas que construyeron la épica y el fuego sagrado de la izquierda en América Latina y en la historia contemporánea. Va de suyo que para el Frente Amplio, empeñado en cambiar el curso de más de 170 años de historia ligada a la cultura e impronta de las clases dominantes, no será simple encontrar o innovar en la búsqueda de liderazgos capaces de profundizar lo que ya ha consolidado en más de tres años desde el gobierno. Bajo el fuego cruzado de atractivos nombres para el gusto ciudadano -entre los cuales debería incluirse el de aquellas compañeras mujeres que han demostrado en la praxis idéntica vocación de servicio público y capacidad en su responsabilidad de gobernantes, no podemos obviar lo principal, sobre lo que nos parece accesorio. Aquí debe primar sobre los nombres un programa de gobierno capaz de enfrentar y vencer a la derecha -si hablamos en términos de oferta electoral-, o sea aquello que la izquierda le va a ofrecer a los tres millones de uruguayos que pueden aún construir su vida y sueños en el territorio nacional y a los más de 600.000 que fuera de sus límites intentamos aportar y regresar ojalá muy pronto.
No existen por tanto fórmulas mágicas que puedan suplir el peso de lo sustantivo, o de una «hoja de ruta» programática que sí y necesariamente deberá representar una elaboración colectiva de esa izquierda para el período 2010-2015.
Eso es lo que la gente espera del Frente Amplio, su capacidad de transformar y de transformarse a sí mismo y desdoblarse en la coyuntura actual de gobierno y de partido para lo cual deberá consensuar más que un binomio presidenciable, que sin lugar a dudas definirá una relación de fuerzas interna, a aquella propuesta programática que profundice y asegure la continuidad del proyecto progresista.
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