Ser bolivariano
En una de sus visitas realizadas a Venezuela el presidente del Ecuador Rafael Correa habló de la importancia y razón de ser del bolivarianismo. Comenzó el presidente Correa diciendo que ser bolivariano significa defender la autodeterminación de los pueblos, propugnar y promover la integración de América Latina. Nosotros le agregaríamos el Caribe
Ser bolivariano significa actuar con la mayor honestidad y transparencia en el manejo de los fondos públicos, para cumplir con la sentencia ética de Bolívar.
Ser bolivariano es propiciar la integración nacional y actuar a favor de los más necesitados y vulnerables, lo cual significa la consagración del derecho de las mayorías y no la exclusividad del uso de los bienes públicos para una minoría que siempre se creyó dueña del país y del continente.
Ser bolivariano significa actuar en estricto cumplimiento de la equidad de género, lo cual significa que la mujer tenga garantizado los mismos derechos que el hombre en todos los ámbitos de la vida pública de una sociedad.
Ser bolivariano significa reconocerse en el socialismo del siglo XXI, una doctrina que privilegia al ser humano y su dignidad.
El socialismo del siglo XXI no es una entelequia, ni un manual, no forma parte de la usurpación teórica, ni es despojo teórico, es efectivamente una doctrina que surge de las necesidades, de los sueños. Surgida a partir de diagnósticos sociales, de las contradicciones económicas, de las utopías contemporáneas y de las expoliaciones que a través de la historia marcaron nuestras vidas.
Ser bolivariano hoy significa luchar contra el neocolonialismo y los subterfugios que este utiliza para adueñarse del pueblo, llenando de hambre a los pueblos de América, en palabras de Bolívar.
Nosotros agregaríamos que ser bolivariano hoy día significa ciertamente valorar como elemento estratégico la integración de nuestros pueblos, pero bajo la guía de principios que trastoquen los prevalecientes hasta ahora en las experiencias que se han desarrollado a través de los mecanismos de integración. Hoy, al lado de los valores de una integración comercial necesaria e indispensable también deben defenderse los principios de la complementación económica, la solidaridad, la reciprocidad, la cooperación y la ayuda mutua, lo cual debe hacerse, desmontando la campaña que desatan las oligarquías nacionales y sus aliados que pretender descalificar este comportamiento con la patraña de que se regalan los recursos nacionales cuando se opera con estos nuevos principios.
Ser bolivariano es compartir hoy lo que el Libertador Simón Bolívar llegó a decir en la Carta de Jamaica de 1815: «Es una idea grandiosa pretender formar de todo el mundo nuevo una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión debería, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes estados que hayan de formarse, mas no es posible porque climas remotos, situaciones diversas, intereses opuestos, caracteres desemejantes dividen a la América».
Ser bolivariano en los días que transcurren significa rechazar con toda la fuerza posible «la directiva de retorno», aprobada por el Parlamento Europeo el 18 de este mes, porque, entre otras cosas, niega la historia al desconocer el principio de reciprocidad que debe prevalecer hacia quienes desde América Latina abrieron sus tierras, fronteras, brazos, riqueza, talento y nacionalidad hacia los miles de migrantes europeos que tuvieron la osadía de venir, quedarse, acompañarnos y mezclarse.
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