“La administración estableció un nuevo tipo de relaciones laborales en la cual están en un platillo los empresarios y en el otro el gobierno con los sindicatos”. Esta definición de la realidad laboral corresponde a declaraciones del doctor J. Mailhos, asesor de la Cámara de Comercio. Si bien esta afirmación no es compartible en su totalidad, hay que reconocerle cierta percepción de lo que realmente está sucediendo.
Es bueno que los empresarios ( o sus asesores) comiencen a tomar conciencia de los cambios que se han ido procesando a lo largo de estos primeros años de gobierno. En realidad, habría que precisar un poco más la afirmación de Mailhos: lo que ha estado sucediendo es que se comenzó a equilibrar la balanza, se inició un proceso que ha estado haciendo caer, poco a poco, los numerosos resabios feudales que habían sido finamente tejidos por el lobby empresarial a lo largo de tantos años de gobierno. Naturalmente, algunos están despavoridos, escandalizados. Quién no recuerda que cuando comenzó este proceso de cambios en materia de legislación y relacionamiento laboral, todas las Cámaras sin excepción auguraron que se estaba corriendo a los inversores extranjeros. La realidad les demostró otra cosa. ¿Por qué?
Porque lo único que ha estado haciendo este gobierno es acompasar la legislación laboral uruguaya con la del mundo desarrollado. ¿Se puede escandalizar alguna trasnacional o inversor extranjero de la fortaleza del sindicalismo?, ¿ les puede llamar la atención que la legislación trate de impedir el trabajo en negro, obligue y controle que se cumplan los acuerdos salariales, que se paguen los impuestos, que se cumplan las obligaciones salariales, que se cumplan las regulaciones sanitarias y de protección al medio ambiente?
Obviamente, esos dirigentes viven en otro mundo. Este país que orgullosamente sale al mundo a hablar de las bondades de su carne, de las seguridades que otorga al consumidor, ¿puede orgullosamente salir a informar que los asalariados rurales, hasta ahora, no cuentan con una ley que proteja y regule su jornada laboral por la oposición empresarial? ¿Y si hablamos del servicio doméstico? ¿Y si hablamos de la oposición a tener un salario mínimo con el que se pueda vivir? “El gobierno ha adoptado una cantidad de normas en contra del sentir y el parecer del sector empresarial. Esto es un diálogo social de fachada, porque no se encuentran ni se procuran ni se agotan los caminos efectivos para lograr los acuerdos, lo que a nuestro juicio es un problema”, agregó más adelante Mailhos en la entrevista que le realizara José Irazábal de El Espectador. Ciertamente tiene razón. Descontamos que el doctor Mailhos nunca tuvo que recurrir como trabajador a reclamar ante el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Pero todo aquel que, lamentablemente, lo tuvo que hacer, con anterioridad a esta administración, se retiró sin soluciones o con soluciones a medias y, sobre todo, con la convicción de que había realizado un trámite en alguna subsidiaria de las cámaras empresariales.
Quienes representan al sector empresarial deben recapacitar seriamente e informarse cómo son las relaciones laborales en otras partes del mundo. Si exigen modernización del Estado ( y con razón) deben mantener la coherencia. También deben recordar los numerosos años de bonanza en que han vivido, el argumento de que en Europa y EEUU hay otro nivel de desarrollo que ambienta otro tipo de relacionamiento no es válido. Acá se ha ganado mucho dinero a partir de fines de 2003, tanto por parte del agro como de las multinacionales, del sector servicios, de la industria, del turismo y en los últimos años del sector importador. Prueba de ello es que no se ha podido aún revertir el proceso de concentración de la riqueza. Es más, la reciente reforma tributaria ha beneficiado claramente al sector empresarial, rebajando sus aportes a las ganancias y flexibilizando las franjas del Impuesto al Patrimonio que es, realmente, un verdadero impuesto a la riqueza, lo cual descarta de raíz la tesis de que han sido dejados de lado por el gobierno. El problema es que estaban acostumbrados a ganar siempre y en todo terreno.
Se está equilibrando la balanza y recuperando derechos universales.
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