EDITORIAL

Una encrucijada histórica en Bolivia

Se está aclarando la fórmula del Presidente Evo Morales para construir un Estado incluyente, descentralizado, con capacidad de definir políticas públicas en base a procesos de concertación y cuyo objetivo central sea el de combatir la pobreza que asuela al 90% de la población boliviana. El sistema de partidos políticos establecido en las últimas décadas del siglo pasado fracasó en estos objetivos. ¿Fracasará también Morales? Si fuera así, quedará en la historia como el último componente del sistema partidario del Siglo XX. Si triunfa, el mundo será testigo de la incorporación boliviana a los procesos de globalización con personalidad propia; con culturas diversas comprendidas como la fortaleza básica de su transformación, con sistemas políticos participativos, con políticas destinadas a combatir la pobreza redistribuyendo la riqueza generada por sus recursos naturales y resolviendo -finalmente- una de las paradojas de los movimientos populares que manifiesta que «si en Cuba, luchar contra la propiedad privada es revolucionario, en Bolivia, acceder a ésta, es hacer la revolución». Esta declaración expresa con exactitud el contenido de la consigna «inclusión económica».

La actual oposición política boliviana había logrado mantenerse en el gobierno durante los últimos 38 años, pactando la rotación de sus líderes en la presidencia. En este mismo número de años, el movimiento social fue capaz de acumular la suficiente fuerza política para lograr el ingreso de Morales a la presidencia en diciembre de 2005. Esta acumulación nace desde lo local. Durante esos años, se visibilizan los nuevos actores: el movimiento campesino organizado en torno a la Confederación Sindical Unica de Trabajadores Campesinos de Bolivia, el movimiento indígena de la zona amazónica y los pequeños productores. Estos últimos son mineros cooperativizados, artesanos, micro y pequeños empresarios. Todos ellos absorben el 83% del empleo nacional. Estos actores confluyen hacia la conformación del movimiento social boliviano. Se articulan en torno a un proyecto de orden social. Los individuos se integran simbólicamente y logran romper los límites del sistema anterior. Morales es identificado como la representación política del proceso de acumulación estratégica de estos actores y su elección es un mandato para construir una nueva identidad colectiva y asegurar un nuevo orden social. La construcción del proyecto de cambio tenía que plasmarse en el contenido de una nueva Constitución Política del Estado. La tarea del gobierno era instalar la Asamblea Constituyente, redactar el texto y ratificar o no, en votación popular, su contenido. Sin embargo por lo menos desde hace más de un año, el gobierno, ha perdido la iniciativa política y la Asamblea ha interrumpido su labor. Morales tenía que asegurar el carácter estratégico de este proceso pero -frente al avance de la oposición- lo utilizó como instrumento de negociación político-táctica. No logró imponer la agenda nacional sobre agendas regionales y permitió dar paso a la confrontación entre regiones del país. Estas -sobre todo del oriente y sur del país- se apropian de las banderas de descentralización y autonomía y redactan lo que se conoce como «estatutos autonómicos».

Aparecen síntomas de división territorial pero éstos son de proporciones realmente menores. Si el gobierno no recupera la iniciativa significaría -para el pueblo, cuyas demandas siguen vigentes- que el gobierno de Morales no es el instrumento estratégico que permita la continuidad del proceso de acumulación y finalmente la nueva constitución. La pérdida de la iniciativa política implica que lo estratégico está en cuestión. ¿Qué significa hoy el Presidente Morales? El movimiento social sigue integrado simbólicamente y Morales es el símbolo. Pero el gobierno no parece capaz de construir una nueva identidad colectiva expresada en un nuevo orden social. Morales ha convocado para el 10 de agosto un Referéndum Revocatorio de los mandatos del Presidente, el Vicepresidente y los Prefectos (de los nueve departamentos del país) que decidirá entre la continuidad o el retiro de los gobernantes. Al mismo tiempo, el gobierno ha propuesto un diálogo a los partidos políticos y a los prefectos opositores y ha elegido como mediadores a la Iglesia y al grupo de países amigos de Bolivia (Brasil, Argentina y Colombia) con el objetivo de integrar las propuestas regionales al texto de la Asamblea Constituyente. Evo está en una encrucijada histórica, pero triunfará junto a su pueblo.

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