El Che en Uruguay

Evocamos aquí, en los 80 años del nacimiento del Che, su estadía entre nosotros, primero en la conferencia del CIES en Punta del Este y luego en la Universidad de la República en Montevideo. Esto ocurrió entre el 8 y el 17 de agosto de 1961, hace casi 47 años, pero el recuerdo permanece vivo.

En abril de 1961 desde EEUU se lanza contra Cuba la invasión de Playa Girón y en 72 horas los cubanos, con Fidel Castro al frente, hacen papilla a los invasores. El presidente John F. Kennedy, que había dado luz verde al desembarco militar (y que sería asesinado dos años después) pergeña su gran maniobra publicitaria: la Alianza para el Progreso, de la cual a poco andar no quedaría ni el recuerdo. El imperio monta el escenario para representarla: es elegida Punta del Este. Al Hotel Casino Nogaró le sacan las ruletas y las mesas de punto y banca, se instalan sillones ministeriales y se convoca para agosto al Consejo Interamericano Económico y Social (CIES), dependiente de la OEA, a la sazón con 21 miembros.

El Che Guevara llega en representación de Cuba revolucionaria. Se aloja en el Hotel Playa, muy cerca del Nogaró. Allí lo entrevisté en vísperas de su primer discurso, acompañado por el fotógrafo Aurelio González y el veterano periodista, hoy fallecido, Hernán Píriz. Hace poco volví al lugar. El hotel conserva el nombre; está muy cambiado, pero se trasmite el recuerdo de que allí estuvo el Che. Su primer discurso en la Conferencia fue el martes 8 de agosto. El periodismo internacional se concentraba en la península esteña. Todos aguardaban el choque del Che con el emisario de EEUU, el secretario del Tesoro Douglas Dillon. Guevara pronunció el discurso de pie, no sin antes inhalar un medicamento para el asma, mediante una pequeña jeringa roja. En los pasajes más incisivos miraba directamente en la cara al representante estadounidense. Al día siguiente titulamos en El Popular: «POR LA VOZ DEL CHE GUEVARA HABLO AYER AMERICA LATINA. La revolución cubana abrió una nueva época en nuestro continente. Al desnudo los planes yankis en el CIES». En los subtítulos se desmenuzaban los principales conceptos vertidos: «Las realizaciones de la revolución cubana en sus dos primeros años. La lista completa de las agresiones yankis contra la isla. Réplicas mordaces a Mr. Dillon y a ciertos técnicos. Sin liquidar el latifundio, no hay reforma agraria. Los peligros de la guerra y la firme actitud de la Unión Soviética en defensa de la paz. Definiciones de la revolución cubana: antifeudal y antiimperialista, que va transformándose en socialista. Un documento secreto del Departamento de Estado».

En síntesis, el discurso disecó la demagogia de la Alianza para el Progreso, demostrando que pretendía comprar por unas migajas a los gobiernos latinoamericanos cuando la revolución cubana había mostrado a los pueblos del continente la posibilidad de alcanzar la segunda y definitiva independencia. Incluido en las obras del Che, este discurso es conocido como el de la «revolución de las letrinas», ya que en uno de sus pasajes salientes sostiene que están al orden del día en el continente los cambios estructurales para terminar con la dependencia y con la injusticia social, y que el imperio propone hacer unas menguadas obras, con un costo mínimo, para desviar el cauce de la movilización popular. Dos días después, el Che ofreció una conferencia de prensa fuera de serie ante varios cientos de periodistas de diarios, radios y TV de Uruguay, de América Latina y de EEUU, y de las agencias telegráficas mundiales. Se le preguntó de todo, y no dejó sin respuesta ninguna interrogante, por tendenciosa que fuera, viniera de quien viniera. Los memoriosos recuerdan el cariz de las preguntas de Milton Fontaina, por ejemplo. Los prestigios de la revolución cubana quedaron muy bien asentados.

Luego, en un segundo discurso pronunciado el 16 de agosto, ya en la fase final de la Conferencia, Guevara expuso las razones por las cuales Cuba no votaba el documento final de la reunión. Se abstuvo, en solitario. El día 17 se realizó el acto en el Paraninfo de la Universidad. Allí estuvo el Che en el estrado junto a autoridades universitarias y estudiantiles, dirigentes del movimiento de solidaridad con Cuba (que se había desarrollado mucho en esos dos años, y posteriormente, lo que siempre fue reconocido por los líderes cubanos, empezando por Fidel Castro), y el presidente del Senado de Chile, Salvador Allende, dirigiéndose a un mar de gente que colmaba la Universidad y las calles adyacentes. Destacamos por separado uno de los conceptos medulares de ese discurso. Durante todo el día, bandas fascistas habían estado fraguando provocaciones para impedir el acto en la Universidad, las que fueron desbaratadas. A su término, cuando el Che salía por una puerta lateral junto con Allende, una bala que le estaba dirigida segó la vida del profesor universitario Arbelio Ramírez. Los criminales nunca fueron individualizados. A la noche, en su habitación del Parque Hotel, el Che estaba desolado. Invitó a los hijos del profesor a visitar Cuba. A la mañana siguiente partía rumbo a Brasil. Esa es otra historia. Pero quienes vivimos aquel período tan cargado de emociones y de ideas no olvidaremos esos 10 días que conmovieron al Uruguay.

Un concepto del Che

«Ustedes tienen algo que hay que cuidar, que es, precisamente, la posibilidad de expresar sus ideas; la posibilidad de avanzar por cauces democráticos, hasta donde se pueda ir; la posibilidad, en fin, de ir creando esas condiciones que todos esperamos algún día se logren en América, para que podamos ser todos hermanos, para que no haya explotación del hombre por el hombre (…) sin derramar sangre, sin que se produzca nada de lo que se produjo en Cuba, que es que cuando se empieza el primer disparo, nunca se sabe cuándo será el último». Che, discurso en la Universidad, 17 de agosto de 1961.

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