¿Para quién construimos?

Desde el año 1980 al 2008 el Banco Hipotecario conjuntamente con el Ministerio de Vivienda, han construido 205.000 viviendas a lo largo y ancho del país. 9850 en el mismo período correspondieron a la modalidad de ayuda mutua con el «sello Fucvan» (menos de un 5%).

Sin lugar a dudas esto arroja un aplastante triunfo de la «propiedad individual» vs. «propiedad colectiva», una forma de tenencia de la propiedad social en un modelo de país, que premia a algunos y castiga a las mayorías cual único aporte capital de ahorro son sus propios brazos, lo cual mediante ayuda mutua transforma este esfuerzo en organización social que «invierte» o sea que, sumado al capital inicial conforma una forma de «inversión» social mediante el trabajo que significa este aporte de mano de obra directa.

Pues bien estos inversores estamos aquí en el país, no tenemos que venir de ninguna parte y estamos dispuestos y sin techo, sólo falta que el Estado haga su aporte y nos tenga en cuenta.

Estos inversores también están en Bella Unión en el «Barrio Las Láminas», dispuestos al esfuerzo, así como sabemos que en Punta del Este están los otros.

En el Consejo de Ministros realizado en San Carlos, el ministro de Economía, por primera vez, deja traslucir una intención de autocrítica, pues había manifestado en su comparecencia ante el PIT­CNT, que si existía un modelo alternativo al suyo nadie se lo hizo llegar, presentando así al propio como único, rígido, intachable y sin defectos.

Hoy plantea que es sólo «diferente» y de izquierda, pues recoge y aplica el programa del Frente Amplio.

Es aquí donde queremos detenernos pues durante décadas, el programa en cuestión establecía para la vivienda que lo descontado del bolsillo del trabajador por concepto de vivienda, iría a parar a este, o sea, no habría más desvíos o «peajes» que demoraran su inversión.

Durante estos cuatro años en esta materia no ha sido «diferente» a los gobiernos anteriores y estos no eran de izquierda.

Se prevee según el INE (Instituto Nacional de Estadística y Censos) que para este año 1500 familias emigren a los asentamientos, un éxodo 20 veces mayor al que acompañó a nuestro prócer Artigas en 1811, la marca del modelo de mercado que expulsa de la ciudad a la periferia, a los cinturones de pobreza a aquellos que no pueden hacer frente al aumento permanente y desmedido de los alquileres.

Esta política de vivienda es así desde hace 20 años, por lo tanto lo diferente es y será establecer planes de contención a este desangre que produce la batalla por el uso de la ciudad y no siga fomentando asentamientos que también es una política «diferente» de deshacer ciudad.

Sólo lo arreglamos con inversión desde la Rendición de Cuentas presentada hoy, que hoy no prevee mayores rubros.

Dejemos claro que la vivienda es una inversión social y no un gasto y debe intervenir el Estado, pues en Maldonado (caso Pamela incluido) se ha dado una inversión privada en 1 año (400.000.000 de dólares), que corresponden a 8 años de inversión del Ministerio de Vivienda (50.000.000 de dólares por año) para todo el país, en cambio la violencia se da en los barrios pobres y no disminuye; este modelo es el que nos hace «diferentes», nos descompone y desestructura nuestro tejido social.

Ayudemos a tejer entendiendo la vital importancia de la inversión y los inversores.

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