¿Habrá justicia para Rovella en el TCA?

Un periodista generalmente muy bien informado de este diario, en temas políticos, insinuó la buena nueva días pasados: el Tribunal de lo Contencioso Administrativo, ahora con nueva integración, es muy probable que devuelva al elenco de funcionarios del BROU a su ex integrante Héctor Rovella. Dicho empleado bancario fue destituido, a nuestro juicio intempestivamente, cuando accedió con la clave de un compañero a la información sobre gente influyente, ahorrista del «banco país» que ante la inminencia del «corralito», tras la crisis que todos recordamos, se las ingenió para retirar a tiempo sus depósitos sin duda poseyendo datos de gente inmejorablemente informada de muy «arriba». En la oportunidad otros muchos, incluyendo a quien escribe, quedaron sin poder salir y debieron esperar largo tiempo para reencontrarse con sus ahorros. Los «vivos» de siempre, cobraron. Porque como en el famoso caso de la «infidencia», de años antes, estaban al tanto de lo que iba a ocurrir mientras muchos no se enteraban de nada y como suele decirse, «la quedaban». El Directorio del BROU en la oportunidad, presumiendo que Rovella había sido el «mensajero», dado que apareció una información concreta en «Brecha» firmada por Samuel Blixen, casualmente también cliente del BROU, tejió todo un culebrón sobre el suceso, atribuyendo al funcionario el «pase» de la noticia al periodista. Como si los periodistas que tenemos cuentas en el banco oficial y concurrimos asiduamente, conversando inevitablemente con los cajeros, hablásemos exclusivamente de «secretos bancarios» y no de fútbol, carreras, mujeres, cosas de la vida, alegrías y tristezas ajenas, hechos insólitos, en fin. ¡La lista de temas puede resultar muy larga! A nadie se le ocurrió pensar que el acceso de Rovella a la información se debió a mera curiosidad.

Cometió únicamente el error de acceder a la misma con la clave de un compañero, actitud merecedora de una sanción pero nunca de su destitución lisa y llana de la institución. !Obviamente a los «vivos», salvo la condena pública a través de la prensa, no les pasó nada! Se dio el caso de un senador colorado que habiendo aprovechado la bolada retiró a tiempo sus ahorros y, criticado en el Palacio Legislativo, se limitó a decir una clásica frase: «Bueno…en este país…somos pocos y todos nos conocemos.» En oportunidad del caso «Rovella», un abogado del BROU, luego «invitado» a jubilarse, fue más lejos: ¡denunció penalmente a Blixen por violación del secreto bancario! ¡Todo un absurdo, cometido sin conocimiento del Directorio del banco y con la lógica conclusión de tres directores del organismo, de que Blixen no podía ser acusado de violación de un secreto, dado que como periodista no tiene la obligación de guardarlo!

Lo que correspondía en todo este sonado caso, y así lo estableció oportunamente el juez penal actuante, Dr. Homero da Costa, cuestionando a las autoridades del Banco República, era investigar a legisladores, altos funcionarios de otros organismos y simples clientes, los que recibieron información confidencial y pusieron a salvo del «corralito» sus depósitos. Nada se hizo en tal sentido aunque, por suerte, casi todos los hombres trascendieron igualmente. Para los «vivos» bien informados, no hubo condena. ¡Para Rovella, a quien nunca se le probó que usara la información confidencial con fines deshonestos, todo el rigor del Directorio, que pese a advertencias y sugerencias de AEBU optó por destituirlo! A todas luces lo de Héctor Rovella fue un castigo desproporcionado. A nadie se le ocurrió pensar que su consulta a la computadora, si bien cometiendo una falta no hace mucho repetida en el Parlamento contra el diputado Lacalle Pou, la de usar la clave de otro para obtener un dato, de pronto por mera curiosidad y nada más, no puede dar lugar a la expulsión de un empleado de los cuadros funcionales de la institución, cuando generalmente ese tipo de faltas da lugar a una suspensión, a lo sumo, de 120 días. Distinto es cuando el acceso con clave ajena se utiliza para cometer un dolo, lo que ocurrió hace pocos años en un ente del Estado, donde una funcionaria que conocía la clave de su gerente utilizó la misma para «votarse» unos viáticos que no le correspondían y luego de cobrarlos fue descubierta siendo, allí sí con razón, destituida de su cargo. Al igual que el sagaz colega de noticias políticas, pensamos que a la larga el TCA laudará a favor de Héctor Rovella, sometido a un largo peregrinar en busca de justicia, ante la condena por un «delito» que nadie osaría afirmar que cometió, el de brindar información a la prensa, dado que noticias del tipo de la que dio Blixen, a veces los periodistas las conseguimos en lugares muy lejanos del mostrador de un banco. ¡Y vaya si lo sabemos por experiencia propia!

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