Acerca de las encuestas
No me gustan las encuestas políticas y hasta me parecen una inmoralidad. O sea, es un modo de influenciar presionando a la opinión pública e incluso a los mandos chicos y medios particularmente de cada partido. Se le está indicando sin base científica de conocimiento interno de las colectividades, sobre las tendencias a donde puede convenir al que las «encarga» dirigir sus preferencias, el electorado. Pero allí están como realidad, y hay que fumárselas. ¡Largó el «sordo»!, macanudo.
En la general, no obstante lo dicho, de ser cierto, los datos auspiciosos son para nosotros, los blancos. Si bien es cierto que los mismos con o sin encuestas, los «baquianos» ya las deducíamos. El Frente, dicho con todo respeto, sigue bajando. Desde la «novelería» de la elección pasada hasta el primer año y medio de gobierno, llegaron en ascenso al 58% en la opinión pública. Hoy están en un 40%, aún falta un año y «moneditas» para los próximos comicios.
Aparentemente seguirían en baja. El 18% menos es mucho, máxime con el piso «enjabonado» económicamente. No estoy diciendo que sean buenos o malos. Se me ocurre que son ineptos. Así de simple. No creo que hayan sabido «pararse en la cancha». Los blancos aparecemos con el 32% y «subiendo» y si como se prevé, el Partido Colorado con su magro 8,50% sumase en la segunda vuelta, la «sumatoria» estaría pasando ya al Frente. Son proyecciones, unas más y otras menos con los márgenes naturales de error obvios. Las que son polémicas y dudosas, por cierto, son las internas blancas. Según trascendidos «encargadas» por el lacallismo. Sin dudas el Dr. Lacalle hizo una hazaña en apenas un año y medio, más o menos, subir en las internas, de un 8% escaso a más de un 30%, según dicen. Pero la duda en una situación de normalidad electoral donde no ha sucedido nada gravitante dentro de filas que justifique el «achique» con Larrañaga en más de 20 puntos presentando «empate técnico», es que el «gaucho» no ha perdido ni un «pajarito» del trampero. Me explico. Es muy cierto que se le ha sumado a Lacalle algún sector menor cuantitativo, caso Correntada del senador Gallinal. Pero también es cierto que perdió a Vidalín. O sea, por allí, habría una equivalencia. Y por el lado de Larrañaga, no sólo no ha perdido ni un dirigente al día de hoy, también es cierto que se le sumaron con sus respectivos círculos los diputados Dardo Sánchez (Treinta y Tres), Beatriz Argimón (Montevideo) y Adriana Peña (Lavalleja). O sea, ortodoxo no se le ha volado ni una «pásula» del «jaulón», y con los nuevos, algún punto debe razonablemente «escalar». ¿De dónde proviene entonces el «achique»? No me queda otra que mirar hacia el Partido Colorado. El voto batllista «prestado» al Frente en la última dicen que se les está yendo a montones. Y en el terreno de las suposiciones y en el bien entendido de que el colorado tiende a tener mayor afinidad con el lacallismo, recuérdese que Larrañaga y Alianza terminaron a Bensión y la rotura de la coalición con Jorge Batlle.
Sin perjuicio de una franca tendencia de centro-izquierda wilsonista inequívoca del larrañaguismo que lo separa del derechismo tradicional colorado. Todo es relativo y no pasa de suposiciones opinables. Es cierto que no se puede obviar el voto colorado, ¡no tienen a quién votar, que es distinto! Julio María devaluado y gastado, don Jorge tiene muy fresco sin perjuicio de la edad, el desvarío de su gobierno, y Pedrito mayoría absoluta actual, de vieja extracción «riverista», asume un apellido que causa pánico. Dicho objetivamente, obliga a los colorados a mirar a los blancos como los más «potables», «malgré» sus viejos odios. Todas son explicaciones que se irán aclarando, particularmente el «emparde» entre los blancos que afirma el «sordo» a medida que las encuestas que están haciendo «cola» en el zaguán partidario, vayan apareciendo. Y no me cabe duda, que serán distintas. Una cosa sí, aparece como inocultable. Y pido disculpas por perder objetividad en este punto específico. ¡El tordillo le puso el aliento en la nuca al Frente! ¡Agur!
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