Una de las leyes fundamentales no sólo de la política, sino de la vida, se aprende desde niño. Apenas el párvulo comienza a relacionarse con el mundo aprende , en general por la vía de los hechos, que no se puede ni debe salivar para arriba.
Parece de perogrullo. Si eso se traslada a la vida política, no parece una buena estrategia apelar a ese mecanismo. Uno de los temas de la vida del país en los que la oposición (más los blancos que los colorados pero estos últimos también incursionan) se ha centrado desde los inicios de la gestión frenteamplista es la problemática energética. Una y otra vez, un día sí y el otro también, anuncian la existencia de una tremenda crisis energética que vive el país o aparecen con críticas o con llamadas al Parlamento: a Comisión, o directamente a interpelaciones a los actuales jerarcas energéticos del país, y alguna vez aparecen con alguna propuesta positiva.
Son posturas muy fáciles de constatar. Un lector poco informado sacaría la conclusión de que en los últimos 15 años (10 de gobierno colorado y 5 nacionalista) se conformó un rosario de éxitos en esta materia, al igual que en políticas industriales, de tal magnitud, que lo que se está haciendo es muy pobre. Pero, objetivamente y muy sintéticamente, nadie podrá negar que desde hace años el Ministerio de Industria pasó a ser una dependencia subsidiaria del Ministerio de Economía y Finanzas en materia de políticas industriales, ya que a partir del gobierno nacionalista no existió una política industrial sino un desmantelamiento indiscriminado e irresponsable de nuestro parque industrial, sustentado en perimidos presupuestos neoliberales sobre apertura, competitividad, subsidios, etcétera.
Pero resulta que tampoco existió como organismo rector en materia de energía, porque no existió ninguna intención de contar con una política energética. Todos recordamos los dos gasoductos que pagaron (pagamos) UTE y Ancap en Paysandú a escasos metros uno del otro , y que uno de ellos no se usó nunca.
También será difícil encontrar algún iluminado legislador o ex ministro del MIEM blanco o colorado que pueda mencionar dónde se invirtió en generación energética en los últimos 15 años del país. Sí se recordará la discusión pública entre el presidente Jorge Batlle, que quería una central generadora privada, y el de UTE, Ricardo Scaglia, que apostaba a UTE. A propósito, el director de UTE por el Partido Nacional, Juan Gabito, votó en contra de la construcción de la central por parte de UTE. Poco después, el 6 de agosto de 2001, el entonces ministro de Industria y Energía, Sergio Abreu, junto con el ministro de Economía, Alberto Bensión, ordenaban al presidente de UTE descartar la construcción de la central por parte del Ente y en cambio, trabajar para que la concretaran capitales privados.
Agreguémosle unos contratos de gas con Argentina a cuenta de una central que nunca se construyó y políticas poco pensadas que definieron “pegarse” a Argentina y depender de su producción hidráulica y gasífera. Hoy estamos como estamos. Pues bien, estas personas (porque salvo alguna excepción), son los mismos que participaron de las políticas anteriores, hoy le piden cuentas al Frente Amplio semanalmente de lo que hace o deja de hacer en materia energética. Se autoadjudicaron el estatus de Grado 5 en Energía y actúan en función de ello.
Hay que escucharlos hablar de la problemática energética, de la falta de soluciones, que no se les escucha (el Frente Amplio hasta formó una Comisión Interpartidaria para generar políticas de Estado en esta materia) y amenazan con no participar en la Interpartidaria sin caer en la cuenta de que a nadie le importa lo que ellos puedan decir en temas energéticos.
Hasta salieron a hablar de energía nuclear dictando cátedra sobre el tema y bregando por abolir la ley que prohíbe su utilización en nuestro país, que fue votada por ellos ( el FA no la votó). Ahora, subieron la presión de la caldera a través de su vocero, “el caganchero”, que instala diariamente en tapa “la crisis energética” de la que por ahora, por suerte y gracias a este gobierno, los uruguayos no estamos viviendo. Aún no han dado el salto de salir de la politiquería para pasar a la política con mayúscula.
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