Agreden a todos

Hace pocos días el doctor Jorge Batlle no tuvo la mejor idea de decir que miembros del MLN habían participado de las revueltas de 2002, cuando el país cayó en picada y las capas medias comenzaron a sentir que el olor a la pobreza se les acercaba, tesis que fue desmentida categóricamente por el ex ministro del Interior Guillermo Stirling.

Ayer nos enteramos de que Eduardo Pereyra, director de Limpieza de la IMM, fue agredido por dos personas muy jóvenes en plena zona urbana de Montevideo. La información oficial de la IMM destaca que el funcionario fue embestido por dos sujetos, rociado con gas paralizante y una vez derribado, golpeado.

Lo más extraño de todo es que Pereyra iba acompañado de la edila de la 738 Rosanna Paredes, quien no fue agredida. Esto da la sensación de que el objetivo era Pereira y nadie más.

Los hechos fueron rechazados enfáticamente por el intendente de Montevideo, Ricardo Ehrlich, en conferencia de prensa. Ni el jefe comunal, ni ningún dirigente del Frente Amplio, han acusado a Adeom de lo ocurrido, lo que muestra la madurez de los gobernantes de izquierda, que no quieren tensar la situación y prefieren el diálogo y el encuentro de las diferentes posiciones para superar situaciones críticas. Mucho menos quieren prejuzgar.

En los túneles de los secretos de la izquierda existe el más firme convencimiento de que la derecha, muchas veces identificada con sectores de la dictadura, está operando e intentando incidir en el enfrentamiento que se está procesando entre la izquierda frenteamplista y sectores que se dicen de izquierda, pero que tienen como único objetivo desplazar al Frente Amplio del gobierno nacional y departamental. Enfrentamiento que tiene como zona de operaciones a la IMM, pero que mañana puede ser la Enseñanza, si los sectores ortodoxos y ultras aceptan ser utilizados por la derecha, esa fuerza política que no es democrática y que tiene una sensibilidad muy similar a los que quieren que Chávez caiga en Venezuela y que Evo Morales sea corrido de Bolivia.

La agresión contra Eduardo Pereyra no es casualidad. Es un hombre joven, que antes de tener cargos políticos fue dirigente de los trabajadores del Transporte y del PIT-CNT, conocido en el mundo laboral por su firmeza en los principios pero, a la vez, por la necesaria sensibilidad y flexibilidad para saber que en materia de reivindicaciones sociales vale más un paso adelante que mil consignas gritadas desesperadamente.

Cuando aceptó la Dirección de Limpieza de la IMM sabía que no iba a ser fácil, pero prefirió la incomodidad de los desafíos a la tranquilidad del «no te metas». Es un trabajador en el gobierno, a quien enfrentan trabajadores sindicalizados que utilizan su poder, seguramente bien ganado, para hacer abortar el proceso de cambio que vive el país desde que Tabaré Vázquez ganó la presidencia de la República.

Por su parte el vicepresidente Rodolfo Nin Novoa consideró que el acto de violencia tuvo un «móvil político», donde distintos sectores de izquierda consideran que hay intenciones de la ultraderecha, con vínculos con la ultraizquierda, de agravar el conflicto entre la IMM y Adeom.

Ante esta situación es hora de la gente. Hay que impedir que la agresión y la violencia se transformen en la cotidianeidad de la política. Que en un país democrático como el nuestro se agreda a un gobernante, debe provocar una inmediata reacción del sistema político. Seguramente la Junta Departamental de Montevideo reaccionará por unanimidad ante tan tremenda agresión a alguien que ocupa un lugar en el gobierno departamental, pero que previamente fue electo por la ciudadanía para ser un parlamentario comunal.

También es de esperar que el PIT-CNT, los sindicatos del transporte, Adeom y el adormecido Frente Amplio reaccionen para cerrarle el paso a la locura.

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