Las IV Jornadas de Sociología de la UBA

En busca de la reconstrucción de la sociología argentina

Alfredo Errandonea *

Como estaba anunciado, se llevaron a cabo en Buenos Aires las IV Jornadas de Sociología de la Universidad de Buenos Aires organizadas por la Carrera de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales. A diferencia de las de anos anteriores, no sólo abarcaron una semana completa de mesas y comisiones, con realización de sesiones paralelas en horarios simultáneos, sino que fueron precedidas de otra de «Pre-Jornadas» y seguidas luego de «Pos-Jornadas». En total se consideraron alrededor de 450 ponencias y exposiciones y congregaron más de mil presencias, entre las cuales se contó la mayoría de las más importantes figuras de la sociología argentina. También concurrió más de una veintena de uruguayos, incluidos estudiantes avanzados.

El mérito de los organizadores es considerable si se tiene en cuenta que se realizaron sin financiación extra alguna, con acceso gratuito, y en medio de una convulsionada Buenos Aires, sin que ello afectara al orden interno de su desarrollo. Probablemente el inconveniente mayor que afrontaron se derivó justamente de la multiplicidad, diversidad y simultaneidad de actividades llevadas a cabo, que obligaban a los asistentes a adoptar demasiadas opciones, lo que les restó generalidad y ‘centralidad’ a los importantes debates que se plantearon.

Pero el evento mostró la presencia viva de una comunidad académica de ciencias sociales, afrontada a una sociedad en grave crisis, que afecta radicalmente su labor y sus más trascendentes preocupaciones. Crisis que involucra fuertemente su actividad profesional y sus prácticas productivas. Que evidenció una gran diversidad en éstas, la cual muestra el requerimiento imperioso del diálogo entre sus cultivadores, que pese a sus múltiples antecedentes tradicionales y recientes en la vecina orilla, parece como en proceso de recién reiniciarse.

Más allá de la problemática académica sociológica de la comarca, no hay duda que, en general, tanto la disciplina como la profesión entran en el nuevo siglo afrontando una dura crisis. En lo disciplinario porque motorizada por el fracaso que implica el no haber podido prever los cruciales acontecimientos y transformaciones sociales del último tramo del siglo, la llamada crisis de los paradigmas hace ya tiempo que –entre otros descaecimientos– ha puesto en cuestión hasta su propia capacidad científica (Aunque es bueno recordar que exactamente la misma dificultad compromete también a las otras ciencias sociales, y no sólo a la sociología, y que, en gran medida, responde a una apresurada comparación con las llamadas «ciencias duras»). A la profesión, porque le ha tocado vivir hoy tiempos en los cuales su contribución aplicada está siendo menos valorada y requerida, en un mundo nuevamente orientado a la sobrevaloración del mercado como regulador de la vida social y la reducción de la magnitud de los esfuerzos sociales organizacionales colectivos.

Pero también se sobrepone una crisis del rol del sociólogo como intelectual crítico de su sociedad. Que cobra especial importancia para una región como la latinoamericana de nuestros días, constituida como área caliente de dura repercusión de los efectos obstructivos de las transformaciones globalizadas del nuevo orden internacional, en una región que acumula una larga espera de expectativas de desenvolvimiento.

De vuelta en la problemática argentina de la disciplina, castigada por la interrupción dictatorial primero, y luego por las dificultades que su sociedad no dejó de experimentar desde el regreso institucional, en el reciente evento los sociólogos del país hermano mostraron que tales inconvenientes no han detenido su trabajo y su reflexión. Pero también mostraron una diversidad de respuestas ante ella, que evidencian la necesidad de organizar su diálogo, a lo cual, por supuesto, el propio evento ha de contribuir. Entre el ‘aggiornamiento’ con la incorporación de las nuevas teorías, la reivindicación y la relectura de los clásicos; la insistencia en la investigación empírica clásica por parte de unos, así como la innovación en sus procedimientos o simplemente la opción por la mera reflexión ensayística por parte de otros; la alternativa del trabajo en áreas temáticas especializadas preferida por algunos, y la propia avidez de muchos por caminos orientadores, estas Jornadas sociológicas portenas abrieron un espacio, aún muy disperso, que debe consolidarse con otras instancias futuras capaces de restablecer el debate de una comunidad académica reunificada, como lo fue sin duda la de Buenos Aires en otros tiempos.

* Sociólogo

 

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