La familia Lacalle vuelve a ser embestida

La interna nacionalista parece seguir al rojo vivo.

Los cuestionamientos a la dirigencia actual, surgida de las elecciones de abril de 1999 y con notorio predominio lacallista, se suceden periódicamente y parecen incrementarse considerablemente.

El diputado canario Julio Lara formalizó su ruptura con el Herrerismo –sector en el que había tenido una activa militancia– para incorporarse a Alianza Nacional, el grupo opositor conducido por el senador Jorge Larranaga.

Nada asombroso hay en ello, desde que los pases y realineamientos son moneda corriente en todas las tiendas políticas.

Lo inusual en este caso está dado por la dureza y la gravedad de las acusaciones lanzadas por Lara contra la familia Lacalle. No es nada menor afirmar –como lo hizo el diputado recién incorporado a AN– que la ex primera dama, ex candidata a la Intendencia de Canelones y actual senadora María Julia Pou había ido a «comprar con plata a los dirigentes» en oportunidad de la campana para las internas. Una acusación de ese tenor jamás había sido dicha públicamente, y el hecho denota bastante más que una desavenencia política o ideológica.

El senador Larranaga –bastante más cauto– planteó la necesidad de que el Partido Nacional salga «de ese halo de sospecha que nos rodea», en clara alusión a los numerosos dirigentes que han enfrentado denuncias penales.

Así están las cosas en la convulsionada interna blanca. La embestida, lejos de apaciguarse, aumenta.

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