EEUU, colmo del ridículo
Lzos EEUU, que se autoproclaman los campeones de la democracia, en estos días van demostrando lo que realmente son: una pura farsa ignominiosa.
A más de un mes de las elecciones no se puede llegar a conocer su resultado y las correspondientes decisiones van saltando de tribunal en tribunal –locales o máximos–, de corte en corte, de magistrado en magistrado, de juez en juez, mientras los candidatos se ven dispuestos a matar a su madre con tal de que el resultado les sea favorable.
La Corte Suprema ordenó la suspensión de los recuentos manuales quizá porque la operación podría llegar a revertir el resultado del 7 de noviembre y entregar la Casa Blanca a Al Gore. Así se van los días en previsiones con más o menos fundamento según la proyectada revisión sea manual o mecánica y consideren válidos los votos por correspondencia. Proliferan los reclamos, los recursos de amparo y las suspensiones de recuento, todo ello en el más completo caos y arbitrariedad. Se invocan fallas en las máquinas de conteo automático por distintas razones, se rechaza o exige el conteo automático o la suspensión del conteo a mano, a la vez que se rechazan las tarjetas electorales perforadas que han ido a dar a cajas con destinos varios, supuestamente para un examen ulterior.
¿Estos son los campeones de la democracia y los campeones de las mejores técnicas en todo? ¿Estos son los maestros que –caso del embajador Ashby en nuestro país– se permiten dar ‘sabias’ opiniones siendo ellos ignorantes? ¿Este es el modelo que se trata de imponer en el mundo bombardeando a quienes no lo aceptan y tienen el suyo?
En algún momento los yanquis se manifestaron despectivamente críticos con las que bautizaron –afrentosamente– «repúblicas bananeras».
¿Qué tipo de Unión o República son ellos, los gringos? ¿Qué muestran ser ellos, los pretendidos amos de la verdad y el supuesto paradigma de la democracia? ¿Bananera?
Las llamadas «repúblicas bananeras» por los gringos son pequeños países que deben ser respetados, tal el caso del nuestro, pero donde los EEUU pretenden dar lecciones de cuanto existe. Con qué autoridad intelectual, organizativa o moral, nos preguntamos.
Paralelamente no podemos olvidar los bombardeos a Irak, Irán o Yugoslavia, por ejemplo –hay muchos más casos y en diversas formas– en supuesto reclamo de ‘democratización’. ¿Esta democracia? ¿De esto se trata?
El caos electoral en que están sumidos los gringos tiene su aspecto aleccionador a la vez que dramático.
Nos preguntamos si acaso no empieza el desplome institucional del colosal imperio o si acaso procurarán ocultarlo ante la opinión pública nacional y mundial, con salvajes operaciones bélicas como acostumbra esta gente. Todo es posible.
Pero la nota más alta de este episodio ridículo, lamentable y censurable, es su condición de escándalo internacional protagonizado por los actuales amos del planeta.
El hecho de que aparentemente se haya llegado finalmente a un resultado –el triunfo de Bush– no borra nada de lo antedicho.
Alguien ha expresado con gran lucidez que si bien no se conoce el vencedor, sí se conoce el perdedor: la confiabilidad de la Justicia.
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