Las instituciones tienen quien las defienda

Orientales, la patria peligra. Unámonos sin fisuras todos los demócratas para defender la separación de Poderes, el equilibrio institucional y la independencia del Poder Judicial, amenazado por la horda totalitaria que nos gobierna.

Tal parece ser el sentimiento de los partidos opositores, que han resuelto llevar a cabo una especie de acto de desagravio a la Suprema Corte de Justicia, para lo cual se reunieron frente al Palacio de la Plaza Cagancha, imbuidos de fervor patriótico, e hicieron entrega al presidente del Cuerpo de una nota de solidaridad.

Aplaudamos, orientales, la loable iniciativa. Apoyemos sin cortapisas a la oposición política, única garantía de la normalidad institucional, que no vaciló en plantarse allí, en el Pasaje de los Derechos Humanos, sin temer a los fieros soldados del Batallón Florida y desafiando la represión policial. Alarmados por los denuestos contra el Sistema Judicial provenientes del oficialismo, y dispuestos a denunciar el intento de politización de la Justicia, se han erigido en férreos defensores de su independencia y de su integridad moral. «Este gobierno marxista se inmiscuye en cuestiones judiciales, amenaza a los magistrados e intenta politizar al Poder Judicial», se han dicho indignados. «Para impedir tal extremo, politicémoslo nosotros», parece ser la conclusión, y por eso blancos, cívicos y colorados acudieron presurosos al llamado del gran partido opositor -el Partido Independiente-, que se ha convertido en celoso guardián de las instituciones.

«Estamos con ustedes, no aflojen», «No se dejen presionar por el gobierno (por nosotros, sí déjense presionar)», «La dictadura tupamara no pasará», fueron algunas de las consignas estampadas en carteles que los manifestantes portaban con dignidad, junto a un gran pasacalle que rezaba: «Vo, Larrieux, no vayás a votar a favor del IRPF».

Yo creo que habría que ir más allá, incluso, y para que no queden dudas respecto del sentimiento que nos anima, deslizar una respetuosa advertencia concebida en estos términos: «Si alguno se da vuelta o si el novel ministro tiene la mala idea de declarar que el IRPF no es inconstitucional, cuando recuperemos el gobierno aboliremos el Impuesto a la Renta pero lo mantendremos y lo aumentaremos en un cien por ciento para los jueces». La cuestión es que las cosas queden claras, ¿no? Porque nuestro apoyo y solidaridad no son gratis, qué joder.

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