IRPF: ¡No se rasguen tanto las vestiduras!
Si los magistrados judiciales, algunos políticos y varios periodistas decididamente jugados a hacer oposición se siguen «rasgando las vestiduras», no tengo dudas de que van a quedar en harapos, constituyéndose en personajes parecidos a los «picapiedras» de la famosa tira cómica.
¡Todo lo ocurrido en torno a la declaración de inconstitucionalidad del IRPF sigue teniendo derivaciones lindantes con lo ridículo y lo absurdo! Sin embargo, hay cosas que, personalmente a mí que tuve grandes amigos algunos de los cuales llegaron a la Suprema Corte de Justicia, de ningún modo me cierran.
Por poner un ejemplo me hago esta pregunta: ¿no hubiera sido sensata una abstención de la doctora Sara Bossio, a tan solo pocos días de acogerse a la jubilación, tomando parte en una resolución trascendental en la que, decididamente se veía involucrada y obviamente favorecida? Sin poner en tela de juicio su honorabilidad, creo firmemente que debió quedar al margen por decisión propia en la adopción de posición alguna: ¿O no?
Si es cierto (como lo afirma el senador Mujica) que la filtración de decisiones de la Suprema Corte en la prensa y la opinión hecha pública de que dos colegas demoraban la decisión a la espera de la ida de la doctora Bossio y la llegada de un nuevo miembro, tuvo como protagonista al doctor Hipólito Rodríguez Caorsi (lo que hasta el momento éste no ha desmentido), ¿no resulta gravísimo en el proceder de un órgano de justicia más que importante, el más importante del país? ¡Sinceramente en la historia judicial del Uruguay no se conoce nada ni remotamente parecido!
No obstante, lo serio de todas estas idas y venidas realmente deplorables, ello no ha sido obstáculo para que decenas de «defensores de oficio» (o mejor dicho, defensores con otro oficio) hayan salido en los últimos días a la prensa a sostener lo indefendible.
Que es lo que en definitiva constituye todo este verdadero bochorno, al que se agrega la nota insólita de un prestigioso abogado, que luego de quejarse en enjundiosos editoriales de las persecuciones que sufrió en dictadura, aparece ahora muy triunfante en defensa de las suculentas jubilaciones de tristemente célebres militares vinculados al proceso, algunos de ellos presos por delitos de lesa humanidad!
Algunos periodistas, por su parte, poco menos que piden la cabeza del diputado Esteban Pérez, del que un semanario de la derecha, mal viejo, pone entre comillas frases que según el diputado no dijo ni hay prueba de ello al no existir grabación.
Puede que Esteban Pérez carezca de experiencia como legislador pero, con la vehemencia de quien se siente agraviado por la oposición, deja entrever que la tan manida «independencia del Poder Judicial» es un mito. Porque su funcionamiento en lo económico depende de una rendición de cuentas en la que tienen directa injerencia tanto el Poder Legislativo como el Ejecutivo.
Y hay más aún. Así como los blancos no votaron a la fiscal Guianze para fiscal de Corte, pero sí dieron sus votos para elegir a su colega Ubiría, de pública y notoria filiación nacionalista. Lo que, lisa y llanamente viene a demostrar que el Poder Judicial no es para nada independiente, desde el momento en que a los magistrados los eligen los políticos! ¿O alguien tiene dudas de que esto es así? Hay otro detalle que dentro de lo trágico es cómico. Se ha dicho que «nuestra Justicia favorece a los ricos». ¡Y otra vez un mundo de gente, tanto de la prensa como vinculada al Poder Judicial, se rasga las vestiduras!
Preguntamos: ¿por qué los Peirano, Rupenian, Natale, no excluimos a Bengoa, van a Cárcel Central y no a Santiago Vázquez ni a Libertad como cualquier hijo de vecino? La respuesta es sencilla: ¡por que tienen plata!
Y que nadie se haga el zonzo, pues sabido es que para quedarse en San José y Yi hay que «ponerse» y cuesta mucho dinero la permanencia en dicho sector. Donde no sólo están más cómodos que en un establecimiento común de detención, sino que también, como decía un chorrito conocido el otro día, «además de la tranquilidad salvás otra cosa!».
La prensa opositora da lástima de su forma de «meter bomba» y enloquecer a la gente, incluso con noticias falsas que luego tímidamente desmienten, mientras el Uruguay visto desde el exterior, a ojos vista progresa en exportaciones y nuevas inversiones aunque no faltan reputados estudios jurídicos que suelen afirmar que nadie viene a invertir a Uruguay, porque en materia laboral ¡el Estado protege más al trabajador que al patrono!
Digamos para terminar que mientras los «independientes» del Poder Judicial esperan ahora que los políticos de distintos partidos se pongan de acuerdo en elegir al sucesor de la jubilada integrante de la Suprema Corte, muchos periodistas quejosos y críticos del actual gobierno siguen, agencias de publicidad mediante, recorriendo organismos públicos en busca del avisito salvador de las economías de sus medios y la suya propia. ¡Que Dios los perdone!
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