Hay momentos en que hay que parar, decir basta y convocar al otro a entrar en un clima de diálogo y de distinción. Esto hizo el presidente Tabaré Vázquez con la solicitud del senador Jorge Larrañaga quien reclamó una entrevista, y le fue negada.
Vázquez le dijo que no, que no era el momento. En la misiva, el mandatario afirma que hablar sobre el Impuesto a las Renta de las Personas Físicas (IRPF), luego de que algunos recursos presentados ante la Suprema Corte de Justicia (SCJ) recibieron un fallo a favor de la inconstitucionalidad del tributo a pasivos, resulta “inoportuno” y “fuera del contexto de diálogo político”.
Agrega, además, que el Partido Nacional se prepara para interpelar a los ministros Danilo Astori y Eduardo Bonomi por el mismo tema, lo que se presenta en el marco de una alocada campaña opositora para frenar el programa reformista del gobierno progresista.
Lo que está claro es que el Partido Nacional ha desatado una feroz campaña contra el gobierno de Vázquez, recurriendo a cualquier tipo de argumento y de maniobras. Dentro de esta estrategia distintas piezas del Partido Nacional realizan su juego. En su momento fue el diputado Jorge Gandini, ahora lo es el senador Julio Lara.
Lacalle llegó al extremo de pedir la renuncia del ministro de Economía, Danilo Astori, porque entiende que un secretario de Estado no puede hablar de política. Lo que quiere el ex presidente privatizador es enmudecer al gobierno.
Por su parte el senador Lara, fracasado diputado por Canelones, ha montado una serie de denuncias contra el vice presidente de la República, Rodolfo Nin Novoa, que no tienen asidero. Sus denuncias son la expresión más descaradas de cómo la política puede llegar a transformarse en mera basura, debido a que el político se cree que la impunidad de los fueros parlamentarios le permite ser el paladín del enchastre permanente e ininterrumpido.
Los posibles candidatos a la Presidencia de la República por el Partido Nacional viven un particular estado de excitación porque las encuestas no les da mal, aunque en ninguna ganan. Esto les hace perder el rumbo, quizás porque no tienen brújula. Se presentan así ante la ciudadanía como un grupo corporativo desmelenado, soberbio, que cree que todo lo puede, pero adelante tiene a un presidente con los pantalones bien puestos.
A los blancos no les queda otro camino que serenarse, esperar los tiempos electorales y no seguir incendiando el clima político, porque el que juega con fuego termina quemándose. Si quieren interpelar que interpelen, si quieren pedir todos los informes que quieran que lo hagan, pero deberían saber que la imagen de “guerrilleros” de todas las causas no les cae bien.
La gente se da cuenta que hay un gran operativo de descrédito contra le gobierno, cosa que el presidente Tabaré Vázquez administra con inteligencia y sagacidad. Hay momentos que Vázquez debate, hay momentos que no habla, hay momentos que deja por escrito sus pensamientos, pero no entra en el juego alocado de los nacionalistas.
Se está ante un momento en que Vázquez le pone el pecho a todas las balas, pero le está faltando la respuesta y el acompañamiento de su fuerza política que por momentos bosteza y en otros casos se parece a una trituradora interna.
El país tiene, por delante, un horizonte crítico, producto del alto precio del petróleo y de la sequía que se está instalando. Dos factores sobre los cuales el gobierno y la oposición no pueden incidir. Son horas, entonces, de unidad nacional, sin dejar de debatir y de confrontar ideas. Son horas de patriotismo. De generosidad.
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