Una nueva oleada neoliberal

La derrota del ALCA es un hecho histórico del que podemos sentirnos orgullosos. El ALCA mutó y adoptó un nuevo rostro, los Tratados de Libre Comercio que tienen su esencia imperialista. Continúa montada la trampa del libre comercio y en ella han entrado ya ocho países que tienen en funcionamiento Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos (Canadá, México, Chile, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Guatemala y República Dominicana).

En otros dos países (Colombia y Panamá) los tratados están pendientes de ratificación por el Congreso de Estados Unidos en el caso de Colombia y por los Congresos de ambos países en el caso de Panamá. En cuanto a Perú, se ha producido ya la ratificación por ambos Congresos, pero Estados Unidos exige más concesiones en cuanto a modificaciones en la legislación peruana. Se estima que en agosto de 2008 entraría en vigor. Uruguay no ha establecido un TLC con Estados Unidos pero pide ampliar el Tratado de Protección y Promoción de Inversiones con la potencia del norte.

Europa continúa avanzando en su propuesta de Acuerdos de Asociación con retórica algo diferente a los planteados por Estados Unidos, pero con contenidos similares. La Unión Europea tiene Acuerdos en funcionamiento con México y Chile, mientras avanza la negociación del Acuerdo con Centroamérica y permanece paralizada la negociación con el Mercosur. Las Negociaciones Comerciales Multilaterales en el contexto de la OMC siguen estancadas. Los llamados temas del desarrollo como el trato especial y diferenciado a los países del Sur, la relación entre comercio, deuda y finanzas, así como entre comercio y transferencia de tecnologías, continúan confinados al espacio de la retórica, mientras que los países más ricos presionan para obligar a los pobres a abrir sus mercados, mientras cierran los suyos, en esa hipócrita combinación de liberalismo en el discurso y proteccionismo en todo lo que beneficie sus intereses.

Impulsan la liberalización del comercio de manufacturas en el que disfrutan de ventajas -excepto en sectores de alta utilización de mano de obra como el textil- y siguen tercamente aferrados a la protección de su agricultura no competitiva. Defienden en la propiedad intelectual el modelo monopólico que promueve el derecho privado de las transnacionales, la propiedad extranjera de patentes y menosprecia el conocimiento y el derecho comunitario. El libre comercio es la máscara que ahora presenta la concepción del mundo y la política que crearon el ALCA. Contra esa política que pretende condenarnos se levantó la protesta y la movilización social en Costa Rica, donde el No al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos alcanzó al 48,2 por ciento de los votantes, a pesar de la campaña de presiones, amenazas y la guerra mediática que desde el gobierno de ese país y desde la casa matriz de los TLC en Washington fueron aplicadas sobre el pueblo costarricense.

La ideología neoliberal del libre comercio sigue viva e intenta incluso tomar un nuevo impulso en lo que algunos llaman una segunda oleada de neoliberalismo que pretende aprovecharse de los cimientos neoliberales no extirpados aún en la región y de los altos precios de ciertos productos básicos o commodities que la coyuntura internacional ha propiciado en los años más recientes. Ahora aparece ante nosotros la propaganda del crecimiento del PIB en América Latina en los últimos tres años y los elogios a una especialización en productos básicos que repite los viejos argumentos de la dependencia y profundiza la posición subordinada frente a los países del Norte. Estos países seguirían consumiendo nuestras materias primas, exportando hacia nosotros bienes tecnológicos y monopolizando la economía del conocimiento.

El crecimiento más alto de los últimos años, efectuado sobre las bases neoliberales de la mayoría de las economías de la región e insertada en el patrón de relaciones de explotación Norte-Sur, no ha hecho más que enriquecer a los ya ricos y apenas alcanzar con residuos a los 200 millones de pobres, 53 millones de hambrientos y 42 millones de analfabetos. Ellos necesitan alimentos, trabajo, educación y salud, no libre comercio ni una nueva oleada neoliberal de ingreso de transnacionales ávidas de controlar los recursos naturales que en el Norte escasean, y los productos básicos ahora con precios más altos.

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