El rumor como arma miserable
El pasado viernes Fernando Butazzoni escribió en la contratapa de LA REPUBLICA una columna titulada «El Rumor y sus recovecos». En principio sus opiniones pudieron parecer una «intelectualada», con el único fin de justificar una nota y llenar espacio. Consultado Butazzoni sobre sus intenciones, confirmamos lo que preveíamos: que lo había escrito con la más firme intención de avivar giles.
«La velocidad con que se propaga un rumor varía, pero nunca es lenta. En unas pocas horas, tras desperezarse en el gabinete de algún profesional, el rumor bien construido enfila directo al corazón de una comunidad. Allí están los ciudadanos, la gente, los principalísimos actores de la vida social y los que con displicencia, le dan de comer a las palomas en las plazas. Los jefes políticos, los tigres y las tigresas del mundo empresarial, el vecindario, la City. Todos terminan bajo su mando, entre aterrados y seducidos. Todos son víctimas del rumor», comienza Butazzoni su análisis.
En los últimos diez días el rumor se ha sentido en forma permanente, particularmente sobre la izquierda y el gobierno. Y ha sido de todo tipo. Como es un tema delicado, donde al rumor no hay que darle espacio para que se reproduzca, nos vamos a manejar con cuidado.
Antes de la Semana de Turismo fue sobre el Presidente de la República. Pero unos días después de la borrachera gaucha, se refirió a un escritor al que daban por muerto a la misma hora que era dado de alta.
En 1410 AM LIBRE ocurrió algo insólito. Un oyente aseguró que esa emisora había dado por muerto a un gobernante, al grado de que sus amigos de sector trataron de desmentir la especie. La emisora nunca había hablado del fallecimiento de esa persona, sino que había dicho que estaba recuperándose. Pero la especie corrió tan rápido que llegó al Parlamento, pero enriquecida por más mentiras: que la página web de otra radio había recogido la misma especie y que un sitio web habría reproducido la misma mentira.
Ni AM LIBRE, ni la página, ni el sitio habían hablado de un fallecimiento. Al contrario, todos dijeron que la persona mejoraba en su estado de salud.
Ayer lunes pasó algo similar e igualmente grave. A las 14 horas comenzó a correr el rumor de que un intendente frenteamplista que estuvo enfermo, había renunciado. Negativo, dirían los policías cuando dan un parte oral.
Esto que está pasando no es chiste. Antes de la dictadura la derecha y los servicios de Inteligencia golpistas fueron especialistas en hacer correr rumores de todo tipo. Lo que les interesaba era saber a qué velocidad corrían esos rumores y qué sectores eran los más propicios para correrlos. Hoy hay como una especia de ensayo de los «corre rumores», quienes encuentran en la estupidez humana el campo propicio para lograr sus objetivos.
«No siempre la propaganda de un rumor tiene origen, contenidos o efectos políticos, aunque siempre tiene sustratos políticos, ya sean evidentes o solapados», escribe sobre el final Fernando Butazzoni, para agregar que «la clase política no está exonerada de responsabilidad en tal delicado asunto».
En momentos de tensiones políticas, cuando la desconfianza se transforma en lo cotidiano, el rumor se siente como pez en el agua. Los uruguayos tenemos que estar atentos, porque hay alguien con intención, sin intención manifiesta o manipulado que quiere embarrar la cancha y está midiendo en qué tiempo nos transformamos en estúpidos consumidores de los rumores.
El rumor es de cobardes y antidemocrático es el chisme transformado en un arma política miserable, aunque su contenido pueda llegar a tener elementos de verdad y el que se lo compra es reproductor de esa cobardía, aunque no lo sepa.
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