Modernización y socialismo en la Cuba de Raúl

Las reformas que el comandante Raúl Castro ha comenzado a implementar llevan la característica impronta de su personalidad: pragmático, enérgico y consecuente. Su contenido se resume en tres grandes programas: a) ampliar los derechos civiles de los ciudadanos, tal como se manifiesta en el levantamiento de la «prohibición hotelera» para los ciudadanos cubanos; b) romper el estancamiento económico causado por relaciones de producción disfuncionales; c) mantener intacto el aparato de control político del sistema, tratando, al mismo tiempo, de reactivar una esfera política atrofiada y una cultura política urgida de evolución.

El agotamiento estructural del modelo, que comenzó a manifestarse a mediados de los ochenta, tuvo dos componentes principales. En lo económico se exteriorizó en parámetros como: la obsolescencia tecnológica; el enorme atraso en la informática, los transportes y la infraestructura; la ineficiencia industrial; la creciente deuda externa y la improductividad agrícola. En lo político, la excesiva centralización del poder y la falta de participación democrática de la población bloquearon todo mecanismo de innovación desde abajo.

Con esa falta de participación democrática el sistema perdió su capacidad de adaptación que, en consecuencia, llevó al colapso de la mayoría de los Estados del socialismo histórico. China escapó del cataclismo mediante un cambio cualitativo en las relaciones de producción, adaptando su sistema a las nuevas condiciones mundiales mediante la introducción de mecanismos de la economía de mercado e inspiraciones de la Nueva Política Económica (NEP), de Lenin. Los países capitalistas, que pasaron por una crisis de acumulación semejante a la de los socialistas en los años setenta, superaron la crisis estructural del sistema con el mismo mecanismo: sustituyeron las relaciones de producción del capitalismo keynesiano y del Estado de Bienestar con aquellas que hoy día se llaman «neoliberalismo». Esta es la encrucijada ante la cual se encuentra Cuba hoy día: ¿Qué rumbo debe darle a las relaciones de producción heredadas de los primeros cincuenta años del proceso? Todo economista sabe que las dos variables clave de las relaciones de producción son la propiedad y los precios. La propiedad, porque normativiza el acceso legal al plusproducto y a la determinación de los precios, y éstos, porque son el principal factor determinante de las decisiones económicas. Raúl, bien asesorado y rompiendo los tabúes del debate, atacó el problema a través de esas variables, con tres decisiones audaces: a) devolverle, tendencialmente, al precio su función de coordinador cibernético de la economía, rectificando precios administrativos absurdos; b) entregar tierras ociosas en usufructo a productores privados y sociales y c) estimular la gratificación material y permitir el libre consumo ­»libre», según la capacidad adquisitiva, como en toda economía de mercado­ de artefactos electrónicos, como computadoras y celulares.

 

¿Cuba será otra China?

No hay duda de que las tres medidas audaces significan la ruptura con las relaciones de producción anteriores y su modelo de gestión y filosofía. Como tales tendrán profunda repercusión sobre todas las facetas subjetivas y objetivas del sistema cubano y de la vida de sus ciudadanos. Su trascendencia es tal, que se pueden comparar a la Nueva Política Económica (NEP) de Lenin y las primeras reformas de Deng Xiaoping, en China. Históricamente, el desarrollismo británico-alemán-japonés-tigres asiáticos, ha terminado siempre en el capitalismo avanzado, y es muy probable que en China suceda lo mismo. ¿Significa la decisión del nuevo gobierno cubano por la NEP y el desarrollismo, por lo tanto, que Cuba terminará también en la civilización burguesa actual? Esa es, obviamente, la preocupación de la carta de Fidel a la Uneac, y la preocupación de todos nosotros, que hemos sido solidarios con la Revolución durante los últimos treinta años.

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