¿Primero la Patria, luego el Partido?
Habría que comenzar pidiendo disculpas por esta puesta a punto de lo que tanto hemos oído, sobre todo por los dirigente del Partido Nacional, «primero la Patria, luego el Partido».
Una consigna maravillosa, compartible, es más, seductora. Lamentablemente está muy lejos de la realidad, siempre lo estuvo, con la excepción de las luchas y los postulados de Aparicio Saravia ( ¿recuerdan aquello de » habrá Patria para todos o para nadie?).
¡Qué lejos que están los nacionalistas de aquellos principios con los cuales hoy, algunos de ellos, se llenan la boca! Olvidan que en las últimas elecciones representaron a poco más del 30% del electorado, es decir, son una clara minoría. Una minoría tiene dos opciones: o se opone a todo lo que proponga la mayoría o apoya críticamente, o define algunos puntos que considera inclaudicables y no los apoya.
Optar por la primera opción, que es lo que han hecho, es politiquería, no es respetar el publicitado eslogan «primero la Patria, luego el partido», porque la ciudadanía votó por un proyecto de país diferente al que ellos impulsaron. Así de simple. La oposición sistemática y por principio –han llegado al ridículo de discrepar cuando UTE decidió regalar dos bombitas de bajo consumo a la población, planteando que debían ser cinco, o cuando un diputado sanducero propuso que el cambio de horario rigiera para las ciudades y no para el campo (¡!)–.
Obviamente, que hayan sufrido una derrota electoral clara no implica que deban tener el brazo enyesado y votar todo lo que proponga el oficialismo, pero, en definitiva, si es tan espantoso, si es tan mala la propuesta frenteamplista, ¿por qué no la dejan desarrollarse de manera que quede bien claro lo desubicada, errónea y disparatada que el Partido Nacional piensa que es? Cuando un Presidente de la República lloró ante las cámaras de televisión argentinas y pidió perdón a nuestros vecinos a quienes tildó (a todos) de ladrones, desde el FA no salió una sola palabra de crítica, asimismo cuando se fundió al país y se le regalaron miles de millones de dólares a unos ladrones consuetudinarios como los Peirano, los Rhöm, etc., etc., el gobierno contó con el silencio institucional del FA.
Esos sí son ejemplos de «primero la Patria, luego el partido».No hay poesía, son realidades. Tampoco hubo representantes del FA recorriendo países amigos hablando mal del gobierno como sí hubo declaraciones públicas en el exterior de representantes de la derecha uruguaya desalentando las inversiones ante la inminencia de la llegada del FA al gobierno del país. Estos autodenominados «defensores de la Patria, la institucionalidad y la Constitución» continúan de todas maneras haciendo de las suyas, las de siempre. Defienden la inconstitucionalidad del IRPF a los jubilados cuando los líderes máximos del Partido Colorado son los grandes beneficiados con esa interpretación, pero no atacan la inconstitucionalidad descarada de mantener en los organismos de contralor las mayorías (derechistas) que defienden sus intereses violando la Constitución que establece que se debe respetar el resultado electoral a la hora de integrar dichos cuerpos. Otro claro ejemplo de priorización de los intereses partidarios por sobre los de la ciudadanía.
Y finalmente, la frutillita de la torta. El Senado (la minoría) rechazó los pedidos de venia presentados por el Poder Ejecutivo para completar los directorios de los Entes Autónomos.
Una vez más recordemos que el FA, en la minoría, nunca adoptó esa tesitura. Esta miopía política, esta mezquindad, este pensar primero en los intereses partidarios o en las venganzas, ¿debilita o hiere al FA?
De ninguna manera, lo que votaron blancos y colorados no fue el rechazo a una venia, sino trancar el desarrollo institucional del país, obstaculizar el normal funcionamiento de las instituciones, poner vallas en la reforma del Estado, dificultar la actividad de los organismo del Estado. ¿Eso es priorizar el país frente al partido?
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