Colombia: lágrimas de sangre
«Las instrucciones eran quitarles el brazo, la cabeza, descuartizarlos vivos…» «A las personas se les abría desde el pecho hasta la barriga para sacar lo que es tripa.» «Se hacía con machete o con cuchillo.» «Nosotros, que estábamos en instrucción, sacábamos los intestinos.» «A mí me hicieron quitarle el brazo a una muchacha. Ya le habían quitado la cabeza y una pierna. Ella pedía que no lo hicieran, que tenía dos hijos.»
Esta es parte de la confesión realizada por Francisco Villalba, miembro de las AUC (grupo paramilitar que ha volcado dinero para apoyar al actual gobierno de Colombia y logró varias bancas en el senado). Más de cincuenta políticos afines al gobierno han sido procesados por vínculos con estas organizaciones criminales que compran municiones y armamentos a los norteamericanos que, en número cercano a 3000 efectivos, integran el Plan Colombia.
Los senadores del Polo Democrático afirman que el 35 % de las bancas están ocupadas por paramilitares, y a juzgar por la cantidad de procesados, se estarían quedando cortos; sin embargo, esta semana y por segunda vez, el oficialismo ha intentado condenar a la senadora Piedad Córdoba por declarar cosas similares en el extranjero, como si atacar a un gobierno fuese atacar a la patria. Lo mismo ocurría en 1984, cuando tras denunciar al régimen militar uruguayo en la OEA, Wilson Ferreira fue acusado por los criminales uniformados de Alta Traición a la Patria. El pecado de Piedad es haber logrado, junto a Chávez, la liberación de siete rehenes de las FARC, y tener a Ingrid Betancourt en camino. En cuanto a las FARC, a no confundirse. No son un movimiento con ideales sociales como los de Chávez o como en su momento lo fue el Movimiento de Liberación Nacional de Uruguay o el MRTA, de Perú. Aquellos eran subversivos, como Artigas, como Bolívar… Estos son terroristas, como la
ETA, como Bin Laden, como George Bush (padre e hijo). La diferencia entre un subversivo y un terrorista radica en que el primero ataca exclusivamente al enemigo; no pone una bomba cerca de una escuela o arriesga la vida de civiles inocentes porque por allí cruzará un adversario. Eso es lo que hace un terrorista. Eso es lo que hacen algunos miembros del ejército colombiano. Uno de los más de los tres millones de desplazados me ha contado que por haber dado una gallina o un cerdo a la guerrilla, luego el ejército toma replesalias contra los pobladores de la aldea. Y viceversa.
Colombia ha retrocedido a la época del Lejano Oeste. El guerrillero de las FARC Pablo Montoya, alias «Rojas», ha asesinado a su jefe, Ivan Ríos, y de paso también a su novia; le cortó la mano al primero y con ella se entregó para cobrar la recompensa de 2 millones setecientos mil dólares. El gobierno ha aceptado pagar y el fiscal Mario Iguarán descartó que vaya a abrir un proceso contra el asesino, ya que actuó «bajo la figura de miedo insuperable», debido a la presión del ejército que los tenía cercados. ¿Qué tan cercados estarían que Ríos dormía con su novia en el momento del ataque?
Pocos días después surgió un nuevo grupo paramilitar, y seguirán surgiendo, porque ahora es buen negocio ir por las cabezas de los guerrilleros. En cuanto a la joven, no había recompensa por ella, le decían Andrea, pero a quién le importa… Lo de Ingrid no tiene nombre. Cada vez que sus hijos cumplían años, ella pedía los elementos y le permitían hacer una torta, le ponía una vela y rezaba desde el cautiverio. Ya no se lo permiten. Ingrid había escrito más de 180 medidas sobre como gobernar Colombia. Ya no le permiten escribir.
Está enferma, dicen que grave. Dicen en las calles que lo mejor que le podría suceder al gobierno es que Ingrid muera en manos de las FARC, y eso sería lo peor para los narcoguerrilleros. «Pobre Ingrid» me dice un taxista de Bogotá, «entre las FARC, que no tienen mucho entusiasmo por liberarla, y el gobierno, que no tiene mucho entusiasmo por recibirla…» Y es que en el entorno del Presidente (no digo que el mismo Uribe) hay un odio irracional por la francocolombiana, por haber escrito un libro que denunciaba las redes de corrupción que rodeaban a Pastrana.
Y también dicen que esta no es una película de buenos contra malos, sino de malos contra malos; porque aquí todos los grupos en pugna están en algo ilegal. Los yanquis venden armas, las FARC secuestran y narcotrafican, los paracos trafican y mutilan con motosierras, los políticos llegan al poder gracias a ellos (no todos, pero sí un número alarmante)… Pobre Colombia… la patria de Shakira, la de Gabriel García Márquez, la de Juanes, no merece esto.
Más del 95 % de los medios de comunicación son de derecha, lo cual explica que el 90 % de los colombianos aborrezca a Chávez y el 76 % crea que es un dictador. El Presidente ha pedido disculpas por la incursión en Ecuador, pero sus senadores y el Ministro de Defensa no sólo justifican el hecho, sino que abogan por su reiteración. Lo que Uribe arregla en los foros internacionales, sus allegados lo destrozan. Aquí los periodistas no informan (salvo Canal Capital y alguna otra excepción), hacen propaganda. Es que hay periodistas que son comunicadores sociales, y los hay que son formadores de opinión. El Cuarto Poder está en la primera línea de combate en esta guerra sucia. De Uribe no hablo hoy, que es un tema más complejo que la propia Colombia, esa Colombia que me duele, porque día a día, minuto a minuto, derrama lágrimas de sangre.
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