Impunidad para los asesinos

Voici le temps  des assassins

RIMBAUD

En un artículo publicado en la sección Mundo el 29 de marzo, referido a un discurso de Bush en Ohio defendiendo la conducta de su gobierno en la guerra de Irak, mencioné el juicio que estaba llevando a cabo una corte marcial de California a un marine, el cabo Stephen Tatum, implicado en la matanza de 24 civiles iraquíes, entre ellos mujeres y niños, el 19 de noviembre 2005 en Hadiya, a 260 kilómetros al oeste de Bagdad. Fue una masacre a mansalva, con 8 militares implicados. Cuatro de ellos se beneficiaron de una absolución inmediata. El oficial encargado de la investigación recomendó desestimar los cuatro restantes. Se resolvió mantener el de Tatum. De los demás no había noticias. Yo comenté que «así procede la justicia militar estadounidense con los crímenes cometidos por sus efectivos, que de hecho tienen luz verde para matar y torturar, como se hizo con sadismo en Abu Ghraib».

El mismo día se insertó un cable titulado «Corte absuelve a marine», según el cual «una corte marcial de California absolvió el viernes 28 a cabo del ejército implicado en la matanza de 24 civiles iraquíes, desestimando sin mayores explicaciones los cargos en su contra». El comunicado provenía de la base de los marines de Camp Pendleton, 130 kilómetros al sur de Los Angeles.

 

O sea que la realidad era mucho peor. El marine quedó absuelto, sin ningún tipo de explicaciones.

 

Su abogado, Jack Zimmerman, desmintió que el marine hubiera llegado a un acuerdo con los fiscales acusadores a cambio de testificar contra uno de sus compañeros de filas, el sargento Frank Wuterich, quien debería comparecer ante la corte bajo cargos de «homicidio voluntario» contra 9 personas. Presten atención al argumento del abogado defensor: dijo que «el cabo Tatum reaccionó a un ataque en la forma en que fue entrenado». Se le había instruido para actuar de esa forma, no hacía más que cumplir órdenes de la superioridad. Demás está decir que no hubo ningún ataque de parte de ningún integrante de la familia iraquí que fue masacrada del primero al último de sus miembros. La patrulla reaccionó ante la muerte de uno de sus integrantes por efecto de una bomba artesanal colocada al borde del camino. De inmediato ingresaron a una vivienda próxima y mataron a todos los que allí estaban. Es en esas condiciones que, a juicio del abogado defensor, «resultó claro para el experimentado equipo de fiscales que lo mejor que había que hacer era desestimar todos los cargos». Tatum se libró así de acusaciones de «homicidio involuntario» (aunque mató a dos hermanos de 14 y 15 años por su propia mano, y sabiendo perfectamente lo que hacía, ya que había sido advertido previamente, según surge de los testimonios), de «poner en peligro la vida de terceros» y de «agresión con circunstancias agravantes», lo que hubiera podido significarle 19 años de cárcel. Ahora quedará libre sin el más mínimo cargo y listo para volver a las andadas.

 

Con este agravante. La apertura del proceso había sido pautada para el jueves 27, pero el día anterior, miércoles 26, la base militar anunció su postergación por 24 horas sin dar ninguna explicación, y el viernes 28, día del inicio del juicio con la selección del jurado, se informó de la desestimación de los cargos.

 

Los hechos ocurrieron hace dos años y medio. Recién ahora se comienzan a juzgar. Pero para ello fue necesario que los revelara el semanario Time, a mediados de 2006. De lo contrario hubieran permanecido ocultos, como toda la serie de crímenes perpetrados un día tras otro por las tropas de ocupación, por más que el presidente Bush proclame que la situación mejora.

 

Como en el cuento de los indiecitos, de los ocho inculpados sólo quedan tres. A dos oficiales se les acusa de no haber investigado correctamente el hecho en el momento indicado. Es evidente que los van a exculpar. Quedará solamente el sargento Frank Wuterich, quien tiene sobre la conciencia el «homicidio voluntario» de nueve integrantes de la familia iraquí. No hay fecha fijada. Ya encontrarán la manera de soltarlo, como hicieron en todos los demás casos referidos a estos asesinos patentados. Apenas se conoce una condena, por cierto no a los altos responsables ni a las jerarquías del Pentágono, sino a una sádica carcelera de Abu Ghraib. Como dijo el abogado de Tatum: para eso los entrenan.

 

Hablando de impunidad para los asesinos: en la misma página del diario en que se informa lo que antecede, aparece este pequeño cable: «Un grupo de 13 militares fue detenido en el proceso por la masacre en 2005 de 11 campesinos en la llamada ‘comunidad de paz’ de San José de Apartadó (noroeste de Colombia), atribuida inicialmente por el gobierno a rebeldes de las FARC».

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