"Ganar confianza y credibilidad"

El gobierno se apresta a iniciar una etapa de su administración, nueva, decisiva y relativamente comprimida en el tiempo. El lunes, las principales autoridades y jefes políticos de este gobierno parecieron convenir en imponer un discurso más sutil, dirigido probablemente a generar bases de una profundización mayor del programa del cambio. Esto no pasó desapercibido en la intervención del presidente Vázquez en la sede de FOEB, ni en las reflexiones que realizara el ministro de economía en Foro de la innovación, ni tampoco en algunas de las afirmaciones realizadas por el senador Mujica en esta misma casa.

De ese conjunto entero de dichos surgen al menos, algunas señales que deben ser observadas con atención: el gobierno celebra un balance que considera positivo en el marco de un proceso dinámico de transformaciones que opera sobre la realidad y, a la vez, dialécticamente, urge transformaciones a la interna del pensamiento.

Ese que debe orientar y sostener esas políticas de choque y cambio. El discurso del presidente de la República en FOEB no fue sólo novedoso en el señalamiento claro del rumbo que tendrá de aquí en más esa continuidad más exigente de las transformaciones; fue diferente también en la apelación a la inteligencia de los trabajadores como fuerza de sustentación del cambio.

Vázquez pasó rápidamente sobre los logros en materia de crecimiento, inclusión y redistribución para explicar en que consiste y como opera en la realidad el esfuerzo de generar confianza.

Y lo hizo allí, en la sede de una de las columnas de trabajadores más combativos de la historia social uruguaya. ¿Improvisó el presidente en esa recurrencia didáctica a explicar que sin confianza no hay transformaciones?

No era esa la platea usual de un foro de ADM u otros que el gobierno utiliza corrientemente para repasar el valor que le otorga a la credibilidad de las políticas públicas.

Allí, en FOEB, no había nada que ganar que no fuera comprensión de los pilares de sus políticas más discutidas, allí, en una de las sedes más representativas de los trabajadores organizados e interesados en los principios del cambio; núcleo de trabajadores, además, que ostenta una expresiva lejanía de las seguridades que otorga el viejo Estado a sus propios trabajadores.

Recostándose en ese mismo auditorio de obreros y empleados, atento a los fundamentos del discurso de la credibilidad, el presidente volvió a un señalamiento de una meta postergada últimamente en las prioridades de política: la reforma de un Estado que ya no responde cuando es exigido por esa dinámica de transformaciones.

El Estado de la producción monopólica industrial del batllismo original, juez y ejecutor de un derecho de protección de heredades de todo tipo, alejado de los principios de defensa de las libertades, sin capacidad de generar su propia autorregulación, santuario de todos los derechos adquiridos en buena o mala lid, ya le es insoportablemente caro e inservible al propósito de profundizar los cambios.

Con esos énfasis y prelaciones el gobierno parece querer conjugar ahora los ajustes de sus políticas, desde esa reafirmación de la confianza y la credibilidad como pilar del balance que el presidente Vázquez sabe que debe firmar y decir en su mensaje de febrero de 2010.

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