Protestas. Lo que va de ayer a hoy
Fue un grande del cine. Recuerdo algunas de sus memorables actuaciones: El Caso Mattei y La Clase Obrera va al Paraíso, entre muchas otras. Mauricio Rosencof recogió una anécdota de Dervy Vilas. Cuando le contaron al actor de las famosas caceroleadas uruguayas contra la dictadura, pidió presenciar alguna. Lo llevaron al Parque Posadas y expresó emocionado: «Me llevo el sonido de la protesta uruguaya para orgullo del mundo».
Varios años después, mediados de 2007, yo salía del cine Alfabeta, donde había disfrutado del notable film El Baño del Papa, y siento ruidos, pequeños pero molestos. Algunos habitantes de apartamentos frente al cine y de la rambla Pocitos «caceroleaban» contra la inminente aplicación de la Reforma Tributaria. Era explicable: que pagara más el que más tiene, hería y sigue hiriendo muchos bolsillos. Hoy nos damos cuenta de que aquellos ruidos, pocos y molestos, formaban parte de una campaña basada en las conservadoras características de nuestra sociedad, que lo es sin duda. Está en nosotros luchar para modificarla. Por supuesto que la caceroleada era de aquellos que más tienen y más tienen que pagar. Obvio.
En ese momento me dije: Lo que va de ayer a hoy. La masiva y ruidosa protesta que era un orgullo para el mundo, se había transformado en ruidos de pocos, y no precisamente para orgullo del mundo sino para esperanza de una minoría.
Con el paso de los días muchas cosas se han ido aclarando. Por ejemplo: que los recursos presentados ante la Suprema Corte de Justicia no devienen precisamente de los que menos tienen sino de los que más. Según datos que se han ido conociendo cabe preguntarse: ¿A qué sectores de las más de 714.200 pasividades que se pagan en el país por todas las instituciones de seguridad social, corresponden los recursos presentados? ¿Acaso no se sabe que el 80% de las mismas no han sido afectadas?
No voy a referirme a la sentencia de la Corte de Justicia. Como en todo tema jurídico, puede existir más de una opinión. Para nada me convence el sustento técnico de la sentencia. En todo caso es indudable que si se afianzara la tendencia jurisprudencial del más alto tribunal del país, falta aún ver qué pasará con las futuras sentencias, la política tributaria gubernamental habría quedado cuestionada en principio. Surge entonces la pregunta: ¿No habría un exceso institucional, si así fuere? ¿Es ese el papel de la SCJ?
Creo pertinente una precisión. No es menor que líneas atrás haya expresado que nuestra sociedad es conservadora. La ratifico. Y poco tiene que ver con que la mayoría de los uruguayos sean progresistas en materia política. Pero cuando se trata del bolsillo, esto es, cuando la política baja a tierra, muchos progresistas se vuelven un tanto irascibles. Por decir algo. Quizás en el futuro abundemos en este tema.
Ello no es ajeno a nuestra historia, que es la que en definitiva manda. Nuestra propia ubicación entre dos colosos de la región, no del mundo, aquello que Methol Ferré sintetizaba admirablemente en su libro «Uruguay Provincia o Nación», ha llevado a muchos a formularse la interrogante acerca de la viabilidad del país. Quizá tenga que ver con el modelo futuro de país que se proyecte.
Además, el escepticismo que nos caracteriza, fundamentalmente cuando vemos a los jóvenes perplejos ante el absurdo y desmoralizados de antemano respecto de la existencia de pasividades que son 40 veces superiores al promedio general de las que paga el BPS, ¿no es comprensible, en definitiva?
Por último lo del título: a lo que se ha llegado en la utilización de aquella que Gian María Volonté caracterizaba como orgullo para el mundo.
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