La importancia del abrazo colorado
En los últimos días, ante la histeria generalizada que se creado en torno el IRPF, se han generado algunos hechos políticos trascendentes. Es cierto que los partidos tradicionales luego de no haberle dado al blanco del gobierno durante tres años, encontraron el punto de apoyo para hacer confluir fuerzas contra la izquierda y el Poder Ejecutivo, gracias a que la Suprema Corte de Justicia declaró inconstitucional el IRPF.
Pero con el transcurso de los días, como si después de la tormenta comenzarán a tranquilizarse las aguas, el Frente Amplio comenzó a reconstruir sus relaciones sociales, dibujando otra vez en el horizonte la posibilidad de poner en acción el bloque del cambio que lo llevó al gobierno.
La gente en nuestro país comenzó a divisar, otra vez, que hay un selecto grupo de jubilados, civiles y militares, que reciben pagos mensuales insultantes para lo que es la realidad de los uruguayos.
Entre esos civiles están los ex presidentes de la República y los uniformados golpistas y comprometidos con las violaciones a los derechos humanos.
La aparición del director del BPS, Ernesto Murro, participando de la polémica, es otro gesto importante que ayuda a que el debate se haga con la más absoluta transparencia.
Pero quizás el hecho más importante haya sido el abrazo que se dieron los ex presidentes Jorge Batlle y Julio María Sanguinetti en Maldonado, la pasada semana; volvieron a hablar de la unidad del Partido Colorado y de que esa colectividad será decisiva en el resultado electoral de 2009, en caso de que haya una segunda vuelta.
Este abrazo que conmovió positivamente al núcleo más estrecho de los colaboradores de estos políticos históricos, tuvo como contrapartida efectos negativos para los partidos tradicionales, los cuales una vez más muestran que son incapaces de renovarse, de presentar nuevos candidatos, de crear un clima político nuevo en el país que no sea confrontativo.
Con ese simple abrazo quedaron fuera de la cancha los hombres más jóvenes como Washington Abdala, Tabaré Viera, José Amorim y otros. Pero, a la vez, ese apretar de los cuerpos va a influir en el votante de 2004, que los rechazó en ese año y que los sigue rechazando ahora, en tanto las encuestas le siguen dando a los colorados, a lo máximo, sólo un 9%.
Sin quererlo, sin proponérselo, el Frente Amplio tiene la posibilidad de pasar a la ofensiva y reconstruir sus relaciones con la sociedad, que en los últimos meses se han deteriorado.
Si la izquierda rodea al gobierno y elimina perfilismos cosa que logró en el acto del 26 de marzo, puede llegar a 2009 en muy buenas condiciones para dar la batalla electoral y ganar en la primera vuelta. Tener de adversarios a Sanguinetti, a Batlle, a Lacalle o a Larrañaga, no es un gran desafío, en cambio es una gran oportunidad. Pero no alcanza, para seguir gobernando con éxito y ganar una elección, con que el adversario arme mal el cuadro y elija a los peores como candidatos.
Si la izquierda no milita, tanto en las cúpulas como en las bases, si no influye sobre el movimiento social, no podrá llegar con éxito al año 2009.
Con el próximo Congreso del Pueblo no puede volver a pasarle lo que ocurrió con el Congreso de la Educación, que un grupo de docentes radicalizados le imprimió una orientación que no conjuga con la del gobierno.
Los adversarios, con estos nuevos abrazos, ya le han dado una mano al futuro del progresismo, pero la suerte de la izquierda sólo depende del Frente Amplio.
Compartí tu opinión con toda la comunidad